UN ENTRETENIDO PASEO POR LA HISTORIA

Historia es todo lo que existe y todo lo que ha existido. Hasta aquello que está por venir acabará convirtiéndose en ella también. Es la ciencia que contiene todas las demás, pues cualquiera de ellas forma parte de sus entrañas. Si somos flexibles en cuanto a nuestro estudio de fechas y nombres, y nos ceñimos a los hechos concretos, esta ciencia se convierte en una inacabable película, una inabarcable novela, con sucesos increíbles y finales inesperados. El problema radica en que su sentido es diferente en cuanto a quien sea su narrador, privilegio reservado tradicionalmente para los vencedores, para los fuertes, para aquellos que están en la cima en el momento en que se escribe. Es por ello que hay que ir con cuidado con las interpretaciones subjetivas (casi siempre) que encontramos en los documentos históricos. El fin de esta página es; primero, entretenerme yo y después intentar entretener a quien la lea. Me he tomado la molestia de preparar un surtido número de links para que, quien lo desee, pueda comprobar si mis reflexiones son ciertas o no lo son.



En Rennes le chateau

sábado, 22 de noviembre de 2008

Geografía de "Tierra Santa" en tiempos de Jesús


GEOGRAFÍA DE “TIERRA SANTA” EN EL SIGLO I

Antes de seguir, explicaré de manera breve el escenario geográfico sobre el que se desarrollaron estos acontecimientos. A fin de facilitar la localización de cada lugar, incluyo este sencillo pero explícito mapa, que encabeza la redacción


Judea: Era la provincia por excelencia (política, económica y religiosamente), principalmente porque en ella se encontraba la sagrada ciudad de Jerusalén. Plinio el joven y Flavio Josefo dijeron de Jerusalén que era una ciudad impresionante y la más importante de Asia Menor. Tanto que, pese a estar mal situada para las rutas del comercio, era una ciudad siempre bulliciosa. Su principal activo era que en Jerusalén estaba el Templo y por lo tanto el centro del poder judío. También en Judea se encontraba la milenaria ciudad de Jericó. En relación a las ciudades de los evangelios, nos encontramos con Betania y Belén, a 3 y 8 kilómetros de Jerusalén. Judea era la provincia más al sur, ya que bajo ella estaban las tierras de Edom (Idumea), territorio ligado habitualmente a Israel, de donde fuera nativo Herodes el Grande.

Samaria: Era la provincia más polémica, ya que estaba enfrentada al resto de forma irreconciliable. Para empezar, tenía su propio templo, el de Garizim, negando la autoridad del Templo de Jerusalén, algo impensable para cualquier otro judío. Además, los samaritanos se creían los auténticos herederos de Israel. Sin embargo, para el resto no eran más que judíos impuros (les acusaban de haberse mezclado con sangre extranjera desde la invasión asiria) e impíos (no aceptar la autoridad del Templo de Jerusalén). Hubo refriegas y desencuentros durante todo este tiempo, siendo el más importante el de la destrucción del Templo de Garizim por el asmoneo Juan Hicarno, reconstruido en tiempos de Herodes el Grande. Samaria estaba situada en el centro, al norte de Judea y al sur de Galilea.

Galilea: Era la provincia más al norte, sin frontera con judíos propiamente dichos, ya que lo más parecido a ello serían los samaritanos del sur. Lejos de la influyente Jerusalén (más de un centenar de kilómetros) los galileos eran considerados inferiores por los habitantes de Judea. No odiados y despreciados como los samaritanos, pero sí “ninguneados” y menospreciados, considerándolos iletrados y toscos. Dice Juan en su evangelio (7; 52), que los fariseos, al saber que venía de Galilea, desautorizaron a Jesús diciendo: “Estudia y verás que de Galilea no surge ningún profeta”. Los galileos eran esencialmente pescadores o campesinos. Es de reseñar la presencia en Galilea del Lago de Genesaret (Tiberiades) que surtía de buena pesca a los galileos. También allí se encontraba el Monte Tabor y Nazareth.

Perea: Tampoco los judíos de la provincia de Perea estaban muy buen vistos por los de la hegemónica y orgullosa Judea. Incluso aún peor que los galileos, ya que a estos se les tenía por nobles y leales, pese a su rudeza, sin embargo no se veía igual a los de Perea, considerados medio paganos y medio judíos, además de guardar aviesas intenciones. La cizaña del campo, denominaban habitualmente a Perea. Estaba situada a la otra orilla del Jordán (“el país de más allá”), de terreno abrupto y rápidos torrentes. Compartía frontera al noroeste con Samaria, al oeste con Judea y al sur con el Mar Muerto.