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jueves, 1 de noviembre de 2007
EGIPTO VI (EL IMPERIO MEDIO)

sábado, 20 de octubre de 2007
EGIPTO V (IMPERIO ANTIGUO)
Meseta de GizehMuchos consideran a la dinastía XIX, dinastía del gran Ramsés II, en el Imperio Nuevo, como la "Edad de Oro" de Egipto. Yo no estoy de acuerdo con eso. Y no porque este tiempo no me parezca fabuloso, sino porque hay otro, más de mil años anterior a éste, donde ocurrieron hechos extraordinarios, la mayoría perdidos u ocultos entre la enmarañada tela del paso del tiempo. Fue un tiempo único, irrepetible, donde se dieron todos los requisitos para hacer posible algo tan extraordinario como la Gran Pirámide, símbolo eterno de Egipto junto a su fiel custodia, La Esfinge, y sus dos inseparables compañeras, las pirámides de Kefrén y Micerinos. Las construcciones de la meseta de Gizeh suponen un hito arquitectónico extraordinario incluso para nuestra moderna y avanzada tecnología, sin olvidar que fueron concebidas dos mil años antes de la eclosión de la Grecia Clásica o el Imperio Romano. Un tiempo donde los faraones ostentaban un poder total (exceptuando un par de pequeñas crisis políticas), sus arcas reales rebosaban de riquezas y disponían de abundante mano de obra humana, completamente dispuesta a trabajar para él, a quien consideraban, no olvidemos, un dios encarnado. Sin embargo, además de esta bonanza real, hacía falta algo más. Para hacer cosas extraordinarias hacen falta hombres extraordinarios. Y uno de los hombres más extraordinarios de Egipto apareció en escena justamente entonces. Imhotep, visir y arquitecto real del faraón Zoser, primer faraón del Imperio Antiguo. A Imhotep podríamos calificarlo como el Da Vinci egipcio. Un sabio en diferentes materias. Sacerdote, mago, médico, arquitecto, astrónomo o arquitecto, fue el primero en concebir la forma arquitectónica piramidal, que luego daría grandeza a Egipto. Llegó a ser divinizado tras su muerte y se puede encontrar en el panteón griego como Asclepio. La innovación de Imhotep cambiaría el paisaje de Egipto para siempre. Su opera magna, la pirámide escalonada de Sakkara, aún se yergue orgullosa y en bastante buen estado de conservación, a pesar de sus casi 5000 años de existencia (2650 a.c.). Él parece que fue quien sentó las bases arquitectónicas que llegarían a su apogeo con las tres formidables pirámides de Gizeh. Antes, Snefru, primer faraón de la IV Dinastía y padre de Keops, haría dos pirámides. Una, la acodada, a la que tuvo que rectificar la angulación de sus lados y la otra la pirámide roja de Dashur, primera auténtica pirámide de la historia con las paredes lisas. El reinado de Snefru fue de gran bonanza y este faraón fue muy querido por el pueblo. Tras él, su sucesor Keops (Jufú) construiría la maravilla de las maravillas: La Gran Pirámide. E inmediatamente después La Esfinge y las otras dos pirámides de Gizeh, la de Kefrén (Jafre) y Micerinos (Menkaura). Entonces estaríamos en el, para mí, apogeo de "La edad de oro" de Egipto. Un tiempo casi mítico,
lejano en el recuerdo de las más antiguas memorias, de gran sabiduría y bonanza para el pueblo egipcio, que quedó como ejemplo de lo que debiera ser el gobierno de un faraón para con su pueblo, pues así lo recogían las tradiciones. Cuando algo extraordinario sucedía en Egipto, se solía usar la frase: "Desde tiempos de Snefru que no se veía algo así". Notese pues con ello el influjo que esta época tuvo para todos los que la sucedieron. Con el fin de la V Dinastía, que nos deja las preciosas inscripciones en la deteriorada pirámide de Unas, conocidas como "Los textos de las pirámides", finaliza también definitivamente esa "Edad de oro". La VI Dinastía empezará a sufrir los excesos y el derroche de los anteriores faraones, así como sacerdotes y nobleza alcanzarán alto grado de poder, logrando poner en jaque al faraón. La VII y la VIII serán las que contemplarán el caos, llegando con ello al fin del Imperio Antiguo. Hay quien afirma que la VII Dinastía no fue más que un consejo de nobles que gobernó durante algo más de dos meses. Como dijo Maneton, "70 reyes que gobernaron 70 días". Un rey por día no es lógico. Posiblemente los nobles debieron hacerse cargo del gobierno temporalmente hasta que se diese una sucesion real satisfactoria.
Fue el fin de una historia maravillosa
viernes, 28 de septiembre de 2007
EGIPTO IV (PERIODO TINITA)
El lugar sagrado de enterramiento en estas dos dinastías sería Abydos.
sábado, 1 de septiembre de 2007
EGIPTO III (LA UNIFICACIÓN)
El inicio de Egipto como tal, es decir, con la unificación de las dos tierras, ha sido datado por los expertos algo antes del 3000 a.c., tiempo al que pertenece la paleta que vemos en la imagen superior. Este peculiar hallazgo habla de un tiempo inmediatamente anterior, aquel en que se estaba forjando la unificación. Esta, como tantas otras, no fue pacífica ni mucho menos, y fue el sur, el alto Egipto, el que conquistó al norte, el bajo Egipto, instalado en el delta. El faraón conquistador que aparece en la paleta, con su maza en alto y sojuzgando a un enemigo, es Narmer, a quien se le atribuye la unificación final de las dos tierras, proceso que empezara años atrás con sus antecesores, entre quienes destaca el conocido (por el cine) "Rey Escorpión", que gobernó la ciudad del Halcón, Hierakónpolis, capital del alto Egipto, y que conquistó el resto de ciudades del sur para ponerlas bajo su dominio. La historia de Egipto empieza tan sólo un poco antes, con aldeas y precarias ciudades (llamadas "Nomos") construidas a orillas del Nilo, independientes las unas de las otras y gobernadas por reyes (más bien "nomarcas").
El origen de estas gentes aún es motivo de controversia pero se supone que llegaron de tierras más al oeste, de un lugar conocido como "Playa Nafta", ahora desértico pero que pudo ser un vergel antes que el cambio en los vientos monzones lo hiciera un lugar árido e inhabitable. Así pues, tras el cambio climático en su hábitat, estos hombres debieron buscar territorios más favorables y, caminando hacia el este, se toparon con el Nilo. El impacto que debió causarles tal descubrimiento es facilmente comprensible si vemos un mapa de Egipto vía satélite. Las cercanas orillas del Nilo ý su delta son lo único que escapa al desierto. Sin duda, el río sagrado era fuente de vida y alejarse de él conducía a la muerte. De este modo, el fértil valle del Nilo empezó a llenarse de estos "Nomos" de los que he hablado antes. Con el paso del tiempo, algunos de ellos se hicieron más importantes. Buto, por ejemplo, al norte del delta, era el nomo más importante de las tierras bajas. Honor que recaía en las tierras altas del sur en Hierakónpolis, ciudad cuyos poderosos gobernantes, ávidos de un poder mayor, empezaron la conquista de las ciudades cercanas hasta controlar todo el sur bajo su autoridad, con núcleos importantes de población como Abydoss o centros de comercio como Naqada. Se supone que el "Rey Escorpión" contribuyó de manera decisiva a esta unificación de las tierras altas, a tenor de lo encontrado en un hallazgo en Hierakónpolis, con inscripciones algo parecidas a las de la paleta de Narmer. Este último (llamado Menes por Manetón en su lista real en griego de faraones egipcios) siguió la política expansiva de sus predecesores y abordó con éxito la conquista del norte. Los del Delta, inferiores en casi todo al poderoso sur, cayeron bajo la maza del faraón, como vemos en la inscripción de la paleta. Paleta cuyo uso práctico era para albergar cosméticos. No hay que olvidar que no sólo las mujeres se maquillaban en el antiguo Egipto, pues también los hombres lo hacían a diario. Especialmente los ojos y sus contornos. Se observa en la imagen de la izquierda, parte superior de la paleta, cómo dos leones entrelazan sus cuellos en señal de la unión entre los dos reinos. En la pequeña cavidad de ese círculo que forman los dos cuellos era dónde se depositaban los cosméticos que se iban a usar. La parte de atrás (imagen de la derecha) es meramente decorativa y en ella es donde se exhibe la conquista del norte por parte del sur. Se ve a Narmer, altivo, amenazando con su maza a un rival (que simboliza a las tierras bajas), a quien tiene del pelo. El derrotado está de rodillas e intentando huir. Bajo los pies del faraón tambien se observan dos enemigos más que huyen despavoridos. Sin duda, es la representación de una gran victoria militar. Un detalle muy a tener en cuenta es la corona que Narmer lleva sobre su cabeza. Se trata de la alargada corona blanca del sur. Ahí está la clave. Por la otra cara ya le vemos (parte superior izquierda) como ya se ciñe la doble corona. La búlbica blanca del sur ya se ha acoplado a la roja del norte, señal inequívoca de que la paleta otorga a Narmer el papel de unificador de Egipto. Las fechas para este evento dadas por los expertos estarían entre 3100 ac y 3050 ac. A partir de entonces, comenzarían las maravillas de una civilización espléndida y grandiosa.
FRAN MELIÁ
sábado, 18 de agosto de 2007
EGIPTO II (EL VIAJE)
jueves, 19 de julio de 2007
EGIPTO (EL INICIO DE LA CIVILIZACIÓN)
En Edfú, estatua del dios halcón Horusmartes, 17 de julio de 2007
HUMANIDAD ANTEDILUVIANA (CONCLUSIONES)

