UN ENTRETENIDO PASEO POR LA HISTORIA

Historia es todo lo que existe y todo lo que ha existido. Hasta aquello que está por venir acabará convirtiéndose en ella también. Es la ciencia que contiene todas las demás, pues cualquiera de ellas forma parte de sus entrañas. Si somos flexibles en cuanto a nuestro estudio de fechas y nombres, y nos ceñimos a los hechos concretos, esta ciencia se convierte en una inacabable película, una inabarcable novela, con sucesos increíbles y finales inesperados. El problema radica en que su sentido es diferente en cuanto a quien sea su narrador, privilegio reservado tradicionalmente para los vencedores, para los fuertes, para aquellos que están en la cima en el momento en que se escribe. Es por ello que hay que ir con cuidado con las interpretaciones subjetivas (casi siempre) que encontramos en los documentos históricos. El fin de esta página es; primero, entretenerme yo y después intentar entretener a quien la lea. Me he tomado la molestia de preparar un surtido número de links para que, quien lo desee, pueda comprobar si mis reflexiones son ciertas o no lo son.



En Rennes le chateau

jueves, 1 de noviembre de 2007

EGIPTO VI (EL IMPERIO MEDIO)


Hablar del Imperio Medio es hablar de un tiempo poco conocido de Egipto y quizá no tan atractivo, sugerente o misterioso como puedan resultar el Imperio Antiguo o el Nuevo. Tampoco sus faraones son tan conocidos como los de estos dos períodos. Montuhotep o Amenemes, faraones destacados del Imperio Medio pueden resultar desconocidos para la mayoría de aficionados a la historia de Egipto. El primero, de la dinastía XI (la IX y la X transcurren durante el periodo intermedio entre el Imperio Antiguo y el Medio), Montuhotep, así como sus sucesores, gobernarán bajo la adoración al dios principal Montu, de ahi el nombre del faraón. Con la dinastía XII se pasara a la adoración al dios Amon, como se advierte también por el nombre del faraón que encabeza esta dinastía, Amenemes (Amenemhat) y varios de sus sucesores. Precisamente Sesostris I, hijo de Amenemes, fue el primer faraón que fue designado para ello aún en vida de su padre, siendo preparado para ello durante años, aprendiendo las artes de la guerra o de la administración por medio de distintos enseñadores. Esta práctica sería adoptada por los faraones venideros, viendo una forma segura de asegurar la sucesión, y con ello la unidad del país. Los futuros faraones sabrían que iban a serlo mucho antes de coronarles. Obviamente, también habían excepciones. Entonces, la sucesión acababa convirtiéndose en un problema.


Pese a ser un periodo poco conocido y aparentemente corto (2100 - 1780), dio las mejores obras de literatura de las tierras de los faraones. Yo, particularmente, pude leer un fragmento precioso que logró emocionarme. Aconsejo leer lo que se pueda de la literatura de este periodo porque estoy seguro que será un disfrute para todo aquel que lo haga.


El fin del Imperio Medio no se sabe muy bien porqué ocurrió. Fue cuando parecía que el país estaba en pleno apogeo, tras las repetidas victorias militares de Sesostris III y los cambios políticos de su sucesor, Amenemes III, que extinguió totalmente el poder de los nomarcas, logrando que fueran nombrados por designio real. Nuevamente, el poder del faraón parecía total. Sin embargo, y justamente entonces, en menos de una generación, se desmoronó el Imperio Medio, dando paso al Segundo Periodo Intermedio, aquel que habría de desembocar en el monumental y guerrero Imperio Nuevo. Pero eso lo dejaré para la próxima vez.

sábado, 20 de octubre de 2007

EGIPTO V (IMPERIO ANTIGUO)

Meseta de Gizeh



Muchos consideran a la dinastía XIX, dinastía del gran Ramsés II, en el Imperio Nuevo, como la "Edad de Oro" de Egipto. Yo no estoy de acuerdo con eso. Y no porque este tiempo no me parezca fabuloso, sino porque hay otro, más de mil años anterior a éste, donde ocurrieron hechos extraordinarios, la mayoría perdidos u ocultos entre la enmarañada tela del paso del tiempo. Fue un tiempo único, irrepetible, donde se dieron todos los requisitos para hacer posible algo tan extraordinario como la Gran Pirámide, símbolo eterno de Egipto junto a su fiel custodia, La Esfinge, y sus dos inseparables compañeras, las pirámides de Kefrén y Micerinos. Las construcciones de la meseta de Gizeh suponen un hito arquitectónico extraordinario incluso para nuestra moderna y avanzada tecnología, sin olvidar que fueron concebidas dos mil años antes de la eclosión de la Grecia Clásica o el Imperio Romano. Un tiempo donde los faraones ostentaban un poder total (exceptuando un par de pequeñas crisis políticas), sus arcas reales rebosaban de riquezas y disponían de abundante mano de obra humana, completamente dispuesta a trabajar para él, a quien consideraban, no olvidemos, un dios encarnado. Sin embargo, además de esta bonanza real, hacía falta algo más. Para hacer cosas extraordinarias hacen falta hombres extraordinarios. Y uno de los hombres más extraordinarios de Egipto apareció en escena justamente entonces. Imhotep, visir y arquitecto real del faraón Zoser, primer faraón del Imperio Antiguo. A Imhotep podríamos calificarlo como el Da Vinci egipcio. Un sabio en diferentes materias. Sacerdote, mago, médico, arquitecto, astrónomo o arquitecto, fue el primero en concebir la forma arquitectónica piramidal, que luego daría grandeza a Egipto. Llegó a ser divinizado tras su muerte y se puede encontrar en el panteón griego como Asclepio. La innovación de Imhotep cambiaría el paisaje de Egipto para siempre. Su opera magna, la pirámide escalonada de Sakkara, aún se yergue orgullosa y en bastante buen estado de conservación, a pesar de sus casi 5000 años de existencia (2650 a.c.). Él parece que fue quien sentó las bases arquitectónicas que llegarían a su apogeo con las tres formidables pirámides de Gizeh. Antes, Snefru, primer faraón de la IV Dinastía y padre de Keops, haría dos pirámides. Una, la acodada, a la que tuvo que rectificar la angulación de sus lados y la otra la pirámide roja de Dashur, primera auténtica pirámide de la historia con las paredes lisas. El reinado de Snefru fue de gran bonanza y este faraón fue muy querido por el pueblo. Tras él, su sucesor Keops (Jufú) construiría la maravilla de las maravillas: La Gran Pirámide. E inmediatamente después La Esfinge y las otras dos pirámides de Gizeh, la de Kefrén (Jafre) y Micerinos (Menkaura). Entonces estaríamos en el, para mí, apogeo de "La edad de oro" de Egipto. Un tiempo casi mítico,
lejano en el recuerdo de las más antiguas memorias, de gran sabiduría y bonanza para el pueblo egipcio, que quedó como ejemplo de lo que debiera ser el gobierno de un faraón para con su pueblo, pues así lo recogían las tradiciones. Cuando algo extraordinario sucedía en Egipto, se solía usar la frase: "Desde tiempos de Snefru que no se veía algo así". Notese pues con ello el influjo que esta época tuvo para todos los que la sucedieron. Con el fin de la V Dinastía, que nos deja las preciosas inscripciones en la deteriorada pirámide de Unas, conocidas como "Los textos de las pirámides", finaliza también definitivamente esa "Edad de oro". La VI Dinastía empezará a sufrir los excesos y el derroche de los anteriores faraones, así como sacerdotes y nobleza alcanzarán alto grado de poder, logrando poner en jaque al faraón. La VII y la VIII serán las que contemplarán el caos, llegando con ello al fin del Imperio Antiguo. Hay quien afirma que la VII Dinastía no fue más que un consejo de nobles que gobernó durante algo más de dos meses. Como dijo Maneton, "70 reyes que gobernaron 70 días". Un rey por día no es lógico. Posiblemente los nobles debieron hacerse cargo del gobierno temporalmente hasta que se diese una sucesion real satisfactoria.
Fue el fin de una historia maravillosa

viernes, 28 de septiembre de 2007

EGIPTO IV (PERIODO TINITA)

En Memphis


Aunque la paleta de Narmer le otorgue a este faraón la unificación de los dos reinos, técnicamente no fue del todo así, aunque sí es verdad que fuera el primero en lograrlo. Sin embargo, tras su reinado volvió una época de pequeño caos, donde alto y bajo Egipto volvieron a divergir sus destinos. Incluso el norte llegó a dominar al sur. También era un tiempo donde los dos dioses más importantes de ese periodo se disputaban el excelso honor de ostentar el papel principal. Horus y Seth. Sobrino y tío, cuya interesante leyenda (conocida como "La leyenda de Osiris", dios del más allá, padre del primero y hermano del segundo) abordaré en el capítulo dedicado a la mitología. Fue Horus quien tomó principal relevancia en las dos primeras dinastías, aunque Seth también fue el dios principal de Egipto durante el reinado de Peribsen, penúltimo faraón de la segunda dinastía. Su sucesor (quizá por la fuerza) Jasejemuy zanjó definitivamente el desorden y logró controlar las dos tierras de una manera efectiva. Este gran faraón del Alto Egipto consiguió reunificar el país a base de victorias militares sobre el norte (en una inscripción bajo una estatua de Jasejemuy, se cifran las bajas enemigas en 47029). Posteriormente se desposó con una princesa del norte, Hepenmaat (Madre engendradora de reyes), sellando definitivamente la reunificación y legando un país unido y próspero a su sucesor, el faraón Zoser, promotor de la primera pirámide de la historia, la escalonada de Sakkara, gracias a esta bonanza que le legara su ¿padre? Jasejemuy. Estas dos dinastías se engloban en el conocido como período Tinita (con capital en Tinis), también llamado proto-dinástico. El faraón que inauguró la I dinastía fue Narmer y el que la cerró fue Qaa, usurpador de otro usurpador, el penúltimo de la I dinastía, el faraón Semerjet. La II Dinastía sería iniciada por Hotepsejemuy y fue cerrada por el anteriormente citado Jasejemuy. Importante en esta II Dinastía fue también el faraón Peribsen.
El lugar sagrado de enterramiento en estas dos dinastías sería Abydos.


A partir de la III Dinastía, con el inicio del periodo conocido como Imperio Antiguo, la capital pasará a ser Memphis y el lugar de enterramiento se trasladará a la necrópolis de Sakkara, lugar que verá emerger de las arenas la primera pirámide de la historia, la escalonada de Zoser. También habrá cambios en el panteón de deidades, pues el Dios Ra superará en importancia tanto a Horus como a Seth. Aunque esto lo dejaré para el artículo dedicado al Imperio Antiguo, el tiempo en mi opinión más extraordinario de la historia de Egipto.

sábado, 1 de septiembre de 2007

EGIPTO III (LA UNIFICACIÓN)

La paleta de Narmer


El inicio de Egipto como tal, es decir, con la unificación de las dos tierras, ha sido datado por los expertos algo antes del 3000 a.c., tiempo al que pertenece la paleta que vemos en la imagen superior. Este peculiar hallazgo habla de un tiempo inmediatamente anterior, aquel en que se estaba forjando la unificación. Esta, como tantas otras, no fue pacífica ni mucho menos, y fue el sur, el alto Egipto, el que conquistó al norte, el bajo Egipto, instalado en el delta. El faraón conquistador que aparece en la paleta, con su maza en alto y sojuzgando a un enemigo, es Narmer, a quien se le atribuye la unificación final de las dos tierras, proceso que empezara años atrás con sus antecesores, entre quienes destaca el conocido (por el cine) "Rey Escorpión", que gobernó la ciudad del Halcón, Hierakónpolis, capital del alto Egipto, y que conquistó el resto de ciudades del sur para ponerlas bajo su dominio. La historia de Egipto empieza tan sólo un poco antes, con aldeas y precarias ciudades (llamadas "Nomos") construidas a orillas del Nilo, independientes las unas de las otras y gobernadas por reyes (más bien "nomarcas").

El origen de estas gentes aún es motivo de controversia pero se supone que llegaron de tierras más al oeste, de un lugar conocido como "Playa Nafta", ahora desértico pero que pudo ser un vergel antes que el cambio en los vientos monzones lo hiciera un lugar árido e inhabitable. Así pues, tras el cambio climático en su hábitat, estos hombres debieron buscar territorios más favorables y, caminando hacia el este, se toparon con el Nilo. El impacto que debió causarles tal descubrimiento es facilmente comprensible si vemos un mapa de Egipto vía satélite. Las cercanas orillas del Nilo ý su delta son lo único que escapa al desierto. Sin duda, el río sagrado era fuente de vida y alejarse de él conducía a la muerte. De este modo, el fértil valle del Nilo empezó a llenarse de estos "Nomos" de los que he hablado antes. Con el paso del tiempo, algunos de ellos se hicieron más importantes. Buto, por ejemplo, al norte del delta, era el nomo más importante de las tierras bajas. Honor que recaía en las tierras altas del sur en Hierakónpolis, ciudad cuyos poderosos gobernantes, ávidos de un poder mayor, empezaron la conquista de las ciudades cercanas hasta controlar todo el sur bajo su autoridad, con núcleos importantes de población como Abydoss o centros de comercio como Naqada. Se supone que el "Rey Escorpión" contribuyó de manera decisiva a esta unificación de las tierras altas, a tenor de lo encontrado en un hallazgo en Hierakónpolis, con inscripciones algo parecidas a las de la paleta de Narmer. Este último (llamado Menes por Manetón en su lista real en griego de faraones egipcios) siguió la política expansiva de sus predecesores y abordó con éxito la conquista del norte. Los del Delta, inferiores en casi todo al poderoso sur, cayeron bajo la maza del faraón, como vemos en la inscripción de la paleta. Paleta cuyo uso práctico era para albergar cosméticos. No hay que olvidar que no sólo las mujeres se maquillaban en el antiguo Egipto, pues también los hombres lo hacían a diario. Especialmente los ojos y sus contornos. Se observa en la imagen de la izquierda, parte superior de la paleta, cómo dos leones entrelazan sus cuellos en señal de la unión entre los dos reinos. En la pequeña cavidad de ese círculo que forman los dos cuellos era dónde se depositaban los cosméticos que se iban a usar. La parte de atrás (imagen de la derecha) es meramente decorativa y en ella es donde se exhibe la conquista del norte por parte del sur. Se ve a Narmer, altivo, amenazando con su maza a un rival (que simboliza a las tierras bajas), a quien tiene del pelo. El derrotado está de rodillas e intentando huir. Bajo los pies del faraón tambien se observan dos enemigos más que huyen despavoridos. Sin duda, es la representación de una gran victoria militar. Un detalle muy a tener en cuenta es la corona que Narmer lleva sobre su cabeza. Se trata de la alargada corona blanca del sur. Ahí está la clave. Por la otra cara ya le vemos (parte superior izquierda) como ya se ciñe la doble corona. La búlbica blanca del sur ya se ha acoplado a la roja del norte, señal inequívoca de que la paleta otorga a Narmer el papel de unificador de Egipto. Las fechas para este evento dadas por los expertos estarían entre 3100 ac y 3050 ac. A partir de entonces, comenzarían las maravillas de una civilización espléndida y grandiosa.

FRAN MELIÁ

sábado, 18 de agosto de 2007

EGIPTO II (EL VIAJE)

En la meseta de Gizeh.



Ayer llegué de Egipto y mis pensamientos aún están llenos de las imágenes de templos, pirámides, mastabas, museos, estatuas, momias o el sagrado Nilo, motor principal del país faraónico. Marché con tres amigos y dos amigas, una de ellas la mujer de otro de ellos, Asens el hijo del "pare", aunque eso es otra historia. Pues bien, ella, Vero, hizo posible nuestro normal desplazamiento por Egipto, gracias a su don: el dominio del inglés. Sin este idioma, muchas veces se hace dificultosa la comunicación en Egipto. Por llevar una sincronía temporal, empezaré por el principio, como suele decirse. Visitamos todo cuanto tuvimos oportunidad de visitar, levantándonos a horas intempestivas. El penúltimo día nos levantamos a las seis de la mañana y a todos nos pareció un verdadero lujo. Y no es para menos, puesto que los dias anteriores habían sido a las 2 y media, a las cinco o a las cinco y media. Hasta el último día tuvimos que despertarnos a las tres y media, ya que el avión salía a las 7. Puedo asegurar que he vuelto fatigado, pero que pocos viajes me llenarán tanto como el que acabo de realizar. Nada más llegar a las 12 de la noche, después de horas y horas de viaje, contratamos las excursiones. La primera salia hora y media después, a las dos y media, a Abú-Simbel. Allí llegamos poco después del amanecer. Después visitamos la presa de Asuán. La nueva y la antigua. De allí nos dirigimos a Philae, templo reconstruido en la isla Elefantina, dedicado al dios Halcón Horus y a donde se accede mediante una precaria embarcación conducida por nativos. Luego comimos en el barco y navegamos hasta Kom Ombo, templo dedicado originalmente al dios cocodrilo Sobek (el Pare para nosotros). pero que después acogería también el culto a Horus. Visitado este templo, embarcamos de nuevo, cenamos y marchamos hacia Edfú, uno de los cuatro templos de la leyenda de Horus (Abydos, Edfú, Dendera y Philae), con inscripciones parecidas a las encontradas en Elefantina. Esa misma tarde, pasada la esclusa de Esna, visitamos los dos templos principales del Imperio Nuevo, Karnak y Luxor, monumentales obras a las que unía una avenida de Esfinges con cabezas de carnero del dios Amón, dios principal del Imperio Nuevo. El día siguiente sería para los colosos de Memnon, el templo de Hatsepsut y el valle de los reyes, con fatigosa visita incluida a la escondida tumba de Tutmosis III, el rey guerrero. sucesor de Hatsepsut. De allí se sale respirando con dificultad y con las piernas bien cargadas.

Por la noche volamos hacia El Cairo y a la mañana siguiente visitamos Memphis, capital del bajo Egipto (Tebas, ahora Luxor, es la del alto Egipto) y de allí marchamos hacia la necrópolis de Sakkara, donde visitamos un par de mastabas antes de acercanos a la primera pirámide de la historia, la del faraón Zoser, concebida por el genial Imhotep, con su templo anexo y el lugar reservado para el Heb-Sed, fiesta en que el faraón renovava su poder y donde se enfrentaba a un toro. Desde lo alto y muy a lo lejos, se aciertan a divisar las pirámides de Snefru en Dashur, faraón de enorme prestigio para todos aquellos que lo precedieron y nexo de unión entre la originaria primera pirámide de Imhotep y las colosales tres pirámides de Gizeh de Keops, Kefrén y Micerynos, lugar que visitamos a continuación, para terminar en la guardiana de las pirámides, La Esfinge, escultura colosal atribuida a Kefrén. Cerramos el viaje con la visita al museo egipcio de El Cairo y al kafkiano mercado de El Halily, donde regresamos al día siguiente también. Sobre los nativos de la actualidad, sus costumbres y, sobre todo, su singular forma de conducir haré un artículo expresamente. Por el momento es todo.

Saludos

FRAN MELIÁ



jueves, 19 de julio de 2007

EGIPTO (EL INICIO DE LA CIVILIZACIÓN)

En Edfú, estatua del dios halcón Horus


Para llevar un orden cronológico estricto, deberia haber empezado por la civilización sumeria, que segun parece fue la pionera de la civilización y la historia, avanzándose a los egipcios en formar la primera cultura conocida. Tiempo habrá para ella también, ya que es otra civilización apasionante y muy avanzada en diferentes campos de la ciencia. Sin embargo, empezaré por Egipto por varias razones. La primera es que estamos hablando de la civilización más grandiosa y duradera de la antigüedad, cuya influencia llegó a cuantas civilizaciones la precedieron. Aún hoy es perceptible ese indudable influjo, en los miles y miles de visitantes que llegan cada año al país de los faraones. Otra razón está estrechamente relacionada a lo que acabo de decir y mi propia persona, ya que en Agosto yo mismo seré uno de esos visitantes durante ocho días. Es un viaje con el que he estado soñando durante toda mi vida, y que por fin se va a hacer realidad.



Egipto no tiene parangón en la antigüedad. 3000 años de civilización es algo lejos del alcance de nadie más (China también merece un capítulo aparte en este aspecto). Cleopatra, última gobernanta de Egipto, está más cerca de nosotros (2000 años), que del inicio de su propia civilización (3000 años). Cuando Herodoto (400 ac) habló de cómo fue construida la gran pirámide, hablaba de algo que había sucedido 2200 años antes. Algo parecido a que alguien ahora hable sobre la vida de Jesús. Si Roma o Grecia nos parecen antiguas, Egipto ya era antiguo para estas dos civilizaciones (2500 años más antiguo). Dice la biblia que Abraham, primer patriarca y fundador del pueblo hebreo, llegó a Ur en tiempos del rey babilonio Hammurabi. Para entonces, ya hacía 1500 años que existía Egipto. Tal es, que dice un proverbio árabe que: "el hombre teme al tiempo, pero el tiempo teme a las pirámides". Egipto fue un faro permanentemente encendido, al que miraron todos los pueblos de la edad antigua. Un faro que permaneció encendido 3000 años y que hasta los invasores que tuvo (hicsos, asirios, persas, helénicos o romanos) se esforzaron por que siguiera encendido. Tal era el respeto que sentían por estas tierras, que hasta los reyes invasores se hicieron coronar como faraones, para poder tener el honor de haber pertenecido a tan magna y admirada civilización.



Intentando ser original, y salir un poco de lo que se ha escrito sobre Egipto una y mil veces, enfocaré hoy dos facetas de la personalidad egipcia, intentando explicar cuán diferentes eran en el modo de entender la vida a lo que somos nosotros. Un concepto de vida en que los dioses eran responsables de todo. Lo bueno o lo malo. Recompensas o castigos. Suerte o infortunios. Todo ocurría porque los dioses querían que así fuese. Ellos eran quienes mantenían el orden en Egipto. Ellos y el faraón, claro está. Considerado un dios viviente y nexo de unión entre lo terrenal y lo divino, responsable también de mantener el orden cósmico, otra de las obsesiones de los egipcios. De ese modo, cuando los egipcios trabajaban en la tumba del faraón, estaban trabajando para un dios. Aunque se haya comprobado que los trabajadores recibían su remuneración por el trabajo, es lógico pensar que su predisposición y motivación al trabajar para un dios iba más allá de ese sueldo. Y digo esto porque una de las cosas más extraordinarias en la construcción de la Gran Pirámide es la administración del trabajo de las 10.000 o 15.000 personas que se supone que la construyeron. Una espectacular labor de coordinación, sólo posible por la predisposición de los trabajadores a la obediencia, como antes he comentado, al trabajar para quien ellos consideraban un dios. Sólo así puede entenderse la precisión milimétrica de una construcción de casi 150 metros de altura, con más de dos millones de bloques de piedra caliza de entre dos y sesenta toneladas de peso cada uno. Así pues, considero una maravilla haber podido coordinar a miles de personas para que lograran aquella mole inmensa de piedra, concebida y llevada a cabo con la precisión de un cirujano.


Otra aspecto que les diferencia de nosotros es su enfoque en cuanto a las tumbas. Hoy día mucha gente con posibles construye bellos y trabajados panteones como última morada. Panteones que muestren la grandeza de esa familia. Una de las tumbas más famosas de nuestro país es el monumental valle de los caídos, lugar en que su constructor, Francisco Franco, se reservó un espectacular espacio. Sin duda, está hecha para glorificar a su constructor y al régimen que gobernó durante varias décadas. Tumbas parecidas se pueden encontrar en el mundo entero. Tumbas construidas por un afán de protagonismo y con la intención de la trascendencia de sus constructores. En el caso de los egipcios, era totalmente al contrario. La mayoría de las tumbas no son más que nubes de humo para esconder el verdadero lugar de enterramiento. La magnífica pirámide de Zoser, la más antigua de todas, ya es un buen ejemplo de esto. Un monumento innovador y grandioso, que sin embargo no era la tumba del faraón. Su verdadera tumba se encuentra tras cientos y cientos metros de estrechos pasillos, a los que se accede desde una escalera secreta que hay en la cámara en la que se supone que debería estar enterrado. Esta cámara, aún en la misma pirámide, se dejó inacabada para hacer creer a los posibles profanadores que el faraón había desechado la posibilidad de ser enterrado allí, y por eso no había sido acabada. No era más que un engaño. A varios cientos de metros de allí, y a una profundidad realmente considerable, se hallaba la verdadera tumba. Tumba de inigualable acabado, con figuras en relieve en sus paredes pintadas artísticamente con vivos colores, de los que hoy sólo quedan restos. Una tumba que se suponía no iba a ver nunca nadie, para asegurar así el tránsito de Zoser a la vida eterna. Así pues, toda esta belleza y todo este delicado y magnífico trabajo estaba destinado a no ser visto por ningunos ojos. ¿Quién haría hoy algo así? ¿Quién gastaría millones de euros en una obra que nadie podría ver? En esta época materialista que nos ha tocado vivir, de un capitalismo desbocado, nadie hace nada que no deje dinero o que al menos ensalce a su autor. Para los egipcios era al contrario, pues esa obra, esa tumba, sólo se hacía para que la vieran los dioses. Suficiente razón para que fuese una auténtica obra de arte.


El pensamiento egipcio es tan apasionante que sólo dando dos ejemplos me he extendido mucho más de lo que había previsto. Así pues, de momento me detendré aquí. Quedan tantas cosas por contar de la tierra de los faraones que si uno no deja de escribir de golpe, podría estar haciéndolo todo el día sin repetirse.


Esto no ha hecho más que empezar.


FRAN MELIÁ


martes, 17 de julio de 2007

HUMANIDAD ANTEDILUVIANA (CONCLUSIONES)


Para cerrar los tiempos anteriores a la historia, me adentraré en el farragoso mundo de las conclusiones, terreno abonado a la polémica y la controversia por las diferentes interpretaciones que cada uno hace de un mismo hecho. Y hechos hay que invitan a pensar que en esa arcaica antigüedad pudo haber habido una sofisticación y sabiduría mucho mayores de los que le asigna la historia académica. La misma pirámide de Keops es buena muestra de ello. Que se afirme que fue construida por hombres con los conocimientos de un niño de 8 años (que sólo sabe sumar, restar y mediomultiplicar) me parece muy osado. Yo llegué hasta COU y aseguro que no sería capaz ni de concebir una obra de semejante envergadura. Se precisan avanzados conocimientos de geometría, arquitectura, física o algunas otras materias más para ser capaz de algo así. Sin olvidar los conocimientos astronómicos necesarios para ciertas peculiaridades que presenta este monumento, por ejemplo en equinocios y solsticios. Por ello creo firmemente que aquellos pioneros de la civilización humana serían mucho más avanzados de lo que se les supone. Ahora bien, de ahi a decir que tal sabiduría les fue legada por una civilización antediluviana, que desapareció por un cataclismo, creo que es ir un poco lejos. Para ello se necesitarían muchas más evidencias que las que muestran sus defensores. Y para el asunto de que los instructores hubiesen llegado de otro planeta, aún más.


Por mucho que me gustaría que hubiese sido así, y que hubiese habido una super-civilización más allá de los límites históricos (me declaro un apasionado de la leyenda de la Atlántida), he de ser consecuente con lo que se puede extraer de las evidencias y concluír que muy pocos indicios apuntan hacia esa dirección, mientras el resto apunta a que no debió haber habido nada de esto. Sí, sin embargo, se avista la posibilidad de que una cúpula elitista, instalada en lo más alto del poder, puede que manejara conocimientos avanzados en distintos campos de la ciencia, que les permitiese hacer aquellas proezas a las que hoy día aún no encontramos respuesta. El vaciado interior de los jarrones mazizos de diorita o la profundida de perforación de los trépanos egipcios, por ejemplo. Huelga decir que la pirámide de Keops también es una de tales proezas.


Así pues, esta es, a dia de hoy, mi conclusión al respecto:

No hubo civilización antediluviana tal y como proponen ciertos investigadores, pero sí creo que se manejaba un conocimiento avanzado, por parte de ciertas cúpulas de poder, muy superior al que se les atribuye.

Nótese que he dicho "a día de hoy", pues de verdad me gustaría que un día alguien demostrase que hubo una humanidad avanzada, anterior a la nuestra, capaz de proezas inimaginables. Lamentablemente, nadie lo ha demostrado. Y mientras eso no ocurra...