UN ENTRETENIDO PASEO POR LA HISTORIA

Historia es todo lo que existe y todo lo que ha existido. Hasta aquello que está por venir acabará convirtiéndose en ella también. Es la ciencia que contiene todas las demás, pues cualquiera de ellas forma parte de sus entrañas. Si somos flexibles en cuanto a nuestro estudio de fechas y nombres, y nos ceñimos a los hechos concretos, esta ciencia se convierte en una inacabable película, una inabarcable novela, con sucesos increíbles y finales inesperados. El problema radica en que su sentido es diferente en cuanto a quien sea su narrador, privilegio reservado tradicionalmente para los vencedores, para los fuertes, para aquellos que están en la cima en el momento en que se escribe. Es por ello que hay que ir con cuidado con las interpretaciones subjetivas (casi siempre) que encontramos en los documentos históricos. El fin de esta página es; primero, entretenerme yo y después intentar entretener a quien la lea. Me he tomado la molestia de preparar un surtido número de links para que, quien lo desee, pueda comprobar si mis reflexiones son ciertas o no lo son.



En Rennes le chateau

martes, 29 de enero de 2008

EL DIOS "RA"






De los cientos de dioses que componen el extenso y variado panteón egipcio, se puede afirmar que Ra es el más importante. O el más influyente. O aquel que sobresale por encima de los demás. Hubieron periodos donde otros dioses tuvieron más protagonismo que Ra, pero en el cómputo total de los aproximadamente tres mil años de civilización egipcia, es Ra quien se lleva la palma. Se puede encontrar representado de formas diferentes (estas que he posteado son solo algunas formas)aunque podríamos establecer que suele representarse generalmente como un hombre con cabeza de halcón o de carnero, tocado con un disco solar y ureo. Cuando figura con cabeza de carnero tiene dos cuernos horizontales retorcidos que puede llevar a confusión con el dios carnero Knum (dios alfarero, moldeador de la creación según varias leyendas). La diferencia está en lo que portan sobre su cabeza. Ra, como se ve en la imagen, muestra el disco solar, mientras que Knum (o Jnum, como se desee) porta sobre ella la doble corona o una jarra de agua. Bajo su manifestación animal, Ra se presenta como un halcón, imagen que también puede llevar a confusión con la representación de su "nieto" Horus, tambien presentado como un halcón. Según la mitología egipcia "Tiene la carne de oro, los huesos de plata y el pelo de lapislázuli y sobre la cabeza lleva el ureo, que le protege escupiendo fuego contra sus enemigos, siendo éste una parte del dios y, a la vez, su propia hija". Generalmente es considerado el padre de los dioses y se supone que surgió de Nun, el huevo (también llamado oceano) primigenio. Algunas leyendas le atribuyen una compañera (Neith) aunque la creencia mayoritaria le concede el titulo de dios supremo o padre de todos los dioses (como antes he citado) por cuya mediación fue posible la aparición del resto de dioses.
Su culto se pierde en los inicios nomárquicos de las tierras del nilo, aunque se hace notable durante el Periodo Tinita, para adquirir una supremacía total a partir de la dinastía IV, con el faraón Dyedefra, primero en incluir en el protocolo real el título de Hijo de Ra para los gobernantes. En la dinastía V, el poder de Ra y de su clero queda completamente establecido, alcanzando una importancia que jamás había tenido ningún otro dios hasta entonces. Esto conlleva a que casi todos los dioses del panteón experimenten una "solarización" a partir de la dinastía V, que se consolidará en el Reino Medio. De este modo, vemos aparecer divinidades que conservan su carácter original pero a las que se añaden cualidades del Sol. A sus propios nombres se les agrega el de Ra; Amón Ra, Montu Ra, Sobek Ra, Horus Ra... En el imperio nuevo también será líder del panteón asociado al dios Amón, eje sobre el que giraba la casta sacerdotal predominante en este periodo, es decir, la tebana. Ni siquiera con la herejía monoteísta de Akenaton se verá relegado, puesto que será entendido como la esencia del disco solar e incluso el propio Akenaton se autodenominará como Uaen Ra, es decir, uno con Ra.
LA LEYENDA DE LA CREACIÓN POR RA (Teología heliopolitana)

Dos son las fuentes (que se hayan encontrado, claro) en que se basa esta leyenda. Uno son los famosos "Textos de las pirámides", aunque no hay en ellos una narración uniforme sino más bien solo alusiones a algunos aspectos de esta linea heliopolitana, que es perfectamente comprensible en cuanto a que la función de estos textos era otra. Sí encontramos más goloso el papiro Rhind ( o Bremner- Rhind), pues se supone que fue compilado para este fin, es decir, una compilación de textos religiosos anteriores para la biblioteca de algún templo (heliopolitano, claro).

Expongo aquí la traducción del segundo monólogo de Ra (traducción de Faulkner) donde se expone el asunto en cuestión.
28/ (28,20) Para ser pronunciado: Así habló el Señor de Todas las cosas: Cuando vine a la existencia, 'El Ser' vino a la existencia. Yo vine a la existencia en la forma de Jepri que vino a la existencia en la Primera Ocasión; Cuando vine a la existencia lo hice en la forma (28,21) de Jepri,(28,1) y así es como 'El Ser' vino a la existencia, porque yo era más primigenio (¿) que los más primigenios a los que yo había hecho; era el más primigenio de los primigenios y mi nombre era más primigenio (¿) que los suyos (¿) (porque) creé el tiempo primigenio y a los primigenios. Yo hice todo lo que deseé (28,22) en esta tierra, estaba todo impregnado (¿) en ella. Yo uní mi propia mano, estando solo, antes de que ellos hubieran nacido, antes de que yo hubiera escupido a Shu o expectorado a Tefnut. Yo usé(28,2) mi propia boca y 'Magia' (HkAw) fue mi nombre. Fui yo quien vino a la existencia (28,23) en (mi) forma, habiendo venido a la existencia en la forma de Jepri. Vine a la existencia entre (¿) los primigenios y allí vino a la existencia una multitud de seres al principio, antes de que cualquier otro ser hubiera venido a la existencia en esta tierra; Yo, solo, llevé a cabo todo lo que fue hecho, antes de que hubiera venido a la existencia (28,24) cualquier otro que pudiera actuar conmigo en este lugar.
Yo hice a los seres allí con este ba mío; yo creé (algunos) de ellos en Nun como 'El Inerte',
(28,3) cuando aún no podía encontrar un lugar en el que poder estar. Encontré favor en mi corazón, examiné (28,25) con mi vista, y, solo, llevé a cabo todo lo que fue hecho; planifiqué con mi corazón, creé otro ser, y múltiples fueron las formas de Jepri; sus hijos vinieron a la existencia en las manifestaciones de sus hijos (¿).(28,26) Fui yo quien escupió a Shu y expectoró a Tefnut.
Cuando hube venido a la existencia como un dios solitario, hubo tres dioses a parte de mí, y dos dioses vinieron a la existencia en esta tierra; Shu y Tefnut se alegraron en el Nun, en el que ellos se encontraban. Fue mi ojo el que les trajo a mí después de una larga edad (29,2) cuando aún estaban lejos de mí; yo uní mis miembros y surgieron de mí mismo. Después de que yo me hube excitado con mi mano, mi deseo vino a la existencia en mi mano, y la semilla cayó de mi boca; escupí a Shu y expectoré a Tefnut y mi padre (29,3) Nun los educó, mi Ojo, siguiéndoles desde los eones
(29,1) ... serpientes, cuando lloré con lágrimas sobre (¿) ...; mi [Ojo?] proyectó , y así es como la Humanidad vino a la existencia. (29,4) Yo lo sustituí con El Glorioso, y él se encontraba enfurecido conmigo cuando volvió, viendo que otro había crecido en su lugar, pero su ira desapareció cuando yo lo restituí, y él se encontro aliviado (¿).(29,5) Lo ascendí a mi frente y ejerció gobierno sobre la tierra entera. Shu y Tefnut engendraron a Geb y Nut, (y Geb y Nut engendraron) a Osiris, Horus Mejentienirti, Seth, Isis y Neftis, y ellos engendraron y crearon muchos seres (29,6) en esta tierra, a saber las manifestaciones de los hijos y las de sus hijos.

Ra (o Atum, una de las formas de Ra) podría entenderse como demiurgo que "crea" ocho dioses por su "gracia" (qué complicado resulta utilizar terminología adecuada). Shu, Tefnut, Geb, Nut, Osiris, Isis, Seth y Neftis. Junto a Ra formarán la enéada heliopolitana y serán la base de esta teología. Aunque Horus no forma parte expresamente de esta eneada, sí es incluido a veces como Horus Mejentienirti.
RA Y LA VACA CELESTE

Es curioso el hecho de que nunca en la mitología egipcia se recogiera el archiconocido mito del diluvio, que compartieran casi todas las culturas mesopotámicas. Lo más parecido es "La leyenda de la vaca del cielo", pero más por el contenido intrínseco que por los detalles, pues estos son bien diferentes. Aqui Ra, que ha creado a los hombres, está descontento por la actitud que han ido tomando estos, alejándose de su creador e incluso faltándole al respeto, entonces manda por su ojo a su hija Hathor para que los castigue y luego la "versión" más terrible de esta diosa, Semjet, muestra a Ra que los hombres están a punto del exterminio total, por lo que en un ardid engaña a la diosa y la detiene en su fatal tarea. Quizá aquí sí se vislumbre cierto parecido al Dios bíblico cuando manda el diluvio, pero no permite la extinción total con el bueno de Noe. Ra manda a sus hijas para castigar a los hombres y dios manda el diluvio. Ra detiene a la diosa evitando el fin de la humanidad cuando ya quedaban muy pocos y el dios bíblico se sirve de Noe para tal fin. En ambas creencias, estos hechos supondrán un nuevo orden, un nuevo comienzo, Sin embargo, como hemos visto, el cuerpo de la narración es bien diferente. Y me resulta muy curioso que un mito tan sugerente como el diluvio jamás entrara en las creencias egipcias, cuando se sabe bien la conexión histórica, tanto para la paz como para la guerra, que hubo entre nilóticos y mesopotámicos. Este mito se encuentra representado, total o parcialmente, en el primer féretro de Tutanjamón y en los muros de las tumbas de Sethy I, Ramses II, Ramses III y Ramses VI.

sábado, 5 de enero de 2008

EL DESTINO Y EL HADO (NAM Y NAM-TAR)



El pensamiento sumerio nos dejó singularidades que evidencian su alto nivel intelectual. Un pensamiento refinado y complejo que nos legaron los hombres que habitaron mesopotamia hace unos 5000 años. La lejanía en el tiempo, ya es por sí sola impresionante. Como ejemplo, sirva el enfoque sumerio sobre el destino (inamovible) y el hado (que puede mutar por intervención humana).
Dice Sitchin:

¿Fue el Hado, o fue el Destino, el que llevó a Marduk con mano invisible a través de milenios de problemas y tribulaciones hasta su meta final: la supremacía en la Tierra?
No muchas lenguas disponen de esa opción en las palabras para ese «algo» que predetermina el resultado de los acontecimientos aún antes de que ocurran, e incluso en la nuestra sería difícil explicar la diferencia. Los mejores diccionarios explican un término con el otro, considerando como sinónimos de ambos «fatalidad», «suerte» y «fortuna». Pero en la lengua sumeria, y por tanto en la filosofía y en la religión sumerias, había una clara distinción entre los dos. Destino, NAM, era el curso predeterminado de los acontecimientos, un curso que era inalterable. Hado era NAM.TAR, el curso predeterminado de los acontecimientos que se podía alterar; literalmente, TAR, cortar, romper, molestar, cambiar. La distinción no era una cuestión de mera semántica; era el centro de algo que afectaba y dominaba los asuntos de Dioses y hombres, de tierras y ciudades. ¿Acaso algo que iba a ocurrir, o algo que hubiera ocurrido, era Destino, era algo inalterable? ¿O era una combinación de acontecimientos azarosos, o de decisiones tomadas, o de altibajos temporales que podrían ser fatales o no, y que otro acontecimiento azaroso, o una oración, o un cambio en la forma de vida podría haber llevado a un resultado diferente? Y si era así, ¿cuál podría haber sido ese resultado diferente? La fina línea para diferenciar entre los dos quizás esté desdibujada hoy en día, pero había una diferencia muy bien definida en tiempos sumerios y bíblicos. Para los sumerios, el Destino se iniciaba en los cielos, comenzando con los preordenados senderos orbitales de los planetas. En el momento en que el Sistema Solar obtuvo su forma y su composición, después de la Batalla Celestial, las órbitas planetarias se convirtieron en Destinos imperecederos; el término y el concepto pudieron aplicarse después al curso futuro de los acontecimientos en la Tierra, comenzando con los Dioses, que tenían sus homólogos celestes. En el mundo bíblico, era
Yahveh el que controlaba tanto Destinos como Hados, pero mientras los primeros estaban predeterminados y eran inalterables, los segundos (los Hados) podían verse afectados por las decisiones humanas. Debido a las fuerzas primeras, el curso de los acontecimientos futuros se podía predecir con años, siglos o incluso milenios de antelación, como cuando Yahveh le reveló a Abraham el futuro de sus descendientes, incluida la estancia de cuatrocientos años en Egipto (Génesis 15,13-16).
El cómo fuera a acaecer esa estancia (se originó con la búsqueda de alimentos durante una gran hambruna) era una cuestión de Hado; que la estancia comenzara con una inesperada bienvenida (debido a que José, mediante una serie de ocurrencias consecutivas, se convertiría en primer ministro de Egipto) era cuestión de Hado; pero que la estancia (después de un período de esclavitud) terminara con un Éxodo liberador en un momento predeterminado era un Destino, preordenado por Yahveh. Por haber sido llamados por Dios a la profecía, los profetas bíblicos podían predecir el futuro de reinos y países, de ciudades, reyes e individuos. Pero dejaban claro que sus profecías eran meras expresiones de las decisiones divinas. «Así dice Yahveh, Señor de los Ejércitos» era como solía comenzar el profeta Jeremías cuando se predecía el futuro de reinos y soberanos. «Así dice el Señor Yahveh», anunciaba el profeta Amos. Pero en cuanto a los Hados, el libre albedrío y la libertad de elección de las personas y las naciones podían entrar, y de hecho entraban, en juego. A diferencia de los Destinos, los Hados se podían alterar, y se podían evitar los castigos si la rectitud sustituía al pecado, si la piedad sustituía a la profanación, si la justicia sustituía a la injusticia.
«No es la muerte del malvado lo que busco, sino que el malvado cambie de conducta y viva», le dice el Señor Dios al profeta Ezequiel (33,11).
La distinción que hicieron los sumerios entre Hado y Destino, y el modo en que ambos pueden jugar su papel en la vida de una persona, queda de manifiesto en la historia vital de Gilgamesh. Como ya hemos dicho, era hijo del sumo sacerdote de Uruk y de la Diosa Ninsun. Cuando creció y comenzó a pensar en los temas de la vida y la muerte, le planteó la pregunta a su padrino, el Dios Utu/Shamash:
En mi ciudad, muere el hombre; oprimido está mi corazón.
El hombre perece, pesaroso está mi corazón...
Ni el hombre más alto puede alcanzar el cielo;
Ni el hombre más ancho puede cubrir la Tierra.
¿También «miraré yo por encima del muro»?
¿También seré marcado yo por el hado de este modo?
La respuesta de Utu/Shamash no fue muy estimulante.
«Cuando los Dioses crearon a la Humanidad -le dijo-, le asignaron la muerte a la Humanidad; conservaron la Vida para su propia custodia. Éste es vuestro Destino; así, mientras estés vivo, y lo que hagas mientras tanto, es un Hado que se puede cambiar o alterar, disfrútalo y aprovéchalo al máximo.» ¡Manten tu vientre Heno, Gilgamesh;
estáte alegre día y noche! ¡De cada día, haz una fiesta de regocijo;
día y noche, baila y juega! Que tus prendas exhalen frescura,
báñate en el agua, que te laven la cabeza.
Presta atención a lo pequeño que sostienes en tu mano,
Deja que tu esposa disfrute en tu pecho.
Éste es el hado de la Humanidad
Extracto de libro "El código cósmico" de Zecharia Sitchin. Aunque polémico en sus conclusiones, es un gran experto en las lenguas mesopotámicas

jueves, 1 de noviembre de 2007

EGIPTO VI (EL IMPERIO MEDIO)


Hablar del Imperio Medio es hablar de un tiempo poco conocido de Egipto y quizá no tan atractivo, sugerente o misterioso como puedan resultar el Imperio Antiguo o el Nuevo. Tampoco sus faraones son tan conocidos como los de estos dos períodos. Montuhotep o Amenemes, faraones destacados del Imperio Medio pueden resultar desconocidos para la mayoría de aficionados a la historia de Egipto. El primero, de la dinastía XI (la IX y la X transcurren durante el periodo intermedio entre el Imperio Antiguo y el Medio), Montuhotep, así como sus sucesores, gobernarán bajo la adoración al dios principal Montu, de ahi el nombre del faraón. Con la dinastía XII se pasara a la adoración al dios Amon, como se advierte también por el nombre del faraón que encabeza esta dinastía, Amenemes (Amenemhat) y varios de sus sucesores. Precisamente Sesostris I, hijo de Amenemes, fue el primer faraón que fue designado para ello aún en vida de su padre, siendo preparado para ello durante años, aprendiendo las artes de la guerra o de la administración por medio de distintos enseñadores. Esta práctica sería adoptada por los faraones venideros, viendo una forma segura de asegurar la sucesión, y con ello la unidad del país. Los futuros faraones sabrían que iban a serlo mucho antes de coronarles. Obviamente, también habían excepciones. Entonces, la sucesión acababa convirtiéndose en un problema.


Pese a ser un periodo poco conocido y aparentemente corto (2100 - 1780), dio las mejores obras de literatura de las tierras de los faraones. Yo, particularmente, pude leer un fragmento precioso que logró emocionarme. Aconsejo leer lo que se pueda de la literatura de este periodo porque estoy seguro que será un disfrute para todo aquel que lo haga.


El fin del Imperio Medio no se sabe muy bien porqué ocurrió. Fue cuando parecía que el país estaba en pleno apogeo, tras las repetidas victorias militares de Sesostris III y los cambios políticos de su sucesor, Amenemes III, que extinguió totalmente el poder de los nomarcas, logrando que fueran nombrados por designio real. Nuevamente, el poder del faraón parecía total. Sin embargo, y justamente entonces, en menos de una generación, se desmoronó el Imperio Medio, dando paso al Segundo Periodo Intermedio, aquel que habría de desembocar en el monumental y guerrero Imperio Nuevo. Pero eso lo dejaré para la próxima vez.

sábado, 20 de octubre de 2007

EGIPTO V (IMPERIO ANTIGUO)

Meseta de Gizeh



Muchos consideran a la dinastía XIX, dinastía del gran Ramsés II, en el Imperio Nuevo, como la "Edad de Oro" de Egipto. Yo no estoy de acuerdo con eso. Y no porque este tiempo no me parezca fabuloso, sino porque hay otro, más de mil años anterior a éste, donde ocurrieron hechos extraordinarios, la mayoría perdidos u ocultos entre la enmarañada tela del paso del tiempo. Fue un tiempo único, irrepetible, donde se dieron todos los requisitos para hacer posible algo tan extraordinario como la Gran Pirámide, símbolo eterno de Egipto junto a su fiel custodia, La Esfinge, y sus dos inseparables compañeras, las pirámides de Kefrén y Micerinos. Las construcciones de la meseta de Gizeh suponen un hito arquitectónico extraordinario incluso para nuestra moderna y avanzada tecnología, sin olvidar que fueron concebidas dos mil años antes de la eclosión de la Grecia Clásica o el Imperio Romano. Un tiempo donde los faraones ostentaban un poder total (exceptuando un par de pequeñas crisis políticas), sus arcas reales rebosaban de riquezas y disponían de abundante mano de obra humana, completamente dispuesta a trabajar para él, a quien consideraban, no olvidemos, un dios encarnado. Sin embargo, además de esta bonanza real, hacía falta algo más. Para hacer cosas extraordinarias hacen falta hombres extraordinarios. Y uno de los hombres más extraordinarios de Egipto apareció en escena justamente entonces. Imhotep, visir y arquitecto real del faraón Zoser, primer faraón del Imperio Antiguo. A Imhotep podríamos calificarlo como el Da Vinci egipcio. Un sabio en diferentes materias. Sacerdote, mago, médico, arquitecto, astrónomo o arquitecto, fue el primero en concebir la forma arquitectónica piramidal, que luego daría grandeza a Egipto. Llegó a ser divinizado tras su muerte y se puede encontrar en el panteón griego como Asclepio. La innovación de Imhotep cambiaría el paisaje de Egipto para siempre. Su opera magna, la pirámide escalonada de Sakkara, aún se yergue orgullosa y en bastante buen estado de conservación, a pesar de sus casi 5000 años de existencia (2650 a.c.). Él parece que fue quien sentó las bases arquitectónicas que llegarían a su apogeo con las tres formidables pirámides de Gizeh. Antes, Snefru, primer faraón de la IV Dinastía y padre de Keops, haría dos pirámides. Una, la acodada, a la que tuvo que rectificar la angulación de sus lados y la otra la pirámide roja de Dashur, primera auténtica pirámide de la historia con las paredes lisas. El reinado de Snefru fue de gran bonanza y este faraón fue muy querido por el pueblo. Tras él, su sucesor Keops (Jufú) construiría la maravilla de las maravillas: La Gran Pirámide. E inmediatamente después La Esfinge y las otras dos pirámides de Gizeh, la de Kefrén (Jafre) y Micerinos (Menkaura). Entonces estaríamos en el, para mí, apogeo de "La edad de oro" de Egipto. Un tiempo casi mítico,
lejano en el recuerdo de las más antiguas memorias, de gran sabiduría y bonanza para el pueblo egipcio, que quedó como ejemplo de lo que debiera ser el gobierno de un faraón para con su pueblo, pues así lo recogían las tradiciones. Cuando algo extraordinario sucedía en Egipto, se solía usar la frase: "Desde tiempos de Snefru que no se veía algo así". Notese pues con ello el influjo que esta época tuvo para todos los que la sucedieron. Con el fin de la V Dinastía, que nos deja las preciosas inscripciones en la deteriorada pirámide de Unas, conocidas como "Los textos de las pirámides", finaliza también definitivamente esa "Edad de oro". La VI Dinastía empezará a sufrir los excesos y el derroche de los anteriores faraones, así como sacerdotes y nobleza alcanzarán alto grado de poder, logrando poner en jaque al faraón. La VII y la VIII serán las que contemplarán el caos, llegando con ello al fin del Imperio Antiguo. Hay quien afirma que la VII Dinastía no fue más que un consejo de nobles que gobernó durante algo más de dos meses. Como dijo Maneton, "70 reyes que gobernaron 70 días". Un rey por día no es lógico. Posiblemente los nobles debieron hacerse cargo del gobierno temporalmente hasta que se diese una sucesion real satisfactoria.
Fue el fin de una historia maravillosa

viernes, 28 de septiembre de 2007

EGIPTO IV (PERIODO TINITA)

En Memphis


Aunque la paleta de Narmer le otorgue a este faraón la unificación de los dos reinos, técnicamente no fue del todo así, aunque sí es verdad que fuera el primero en lograrlo. Sin embargo, tras su reinado volvió una época de pequeño caos, donde alto y bajo Egipto volvieron a divergir sus destinos. Incluso el norte llegó a dominar al sur. También era un tiempo donde los dos dioses más importantes de ese periodo se disputaban el excelso honor de ostentar el papel principal. Horus y Seth. Sobrino y tío, cuya interesante leyenda (conocida como "La leyenda de Osiris", dios del más allá, padre del primero y hermano del segundo) abordaré en el capítulo dedicado a la mitología. Fue Horus quien tomó principal relevancia en las dos primeras dinastías, aunque Seth también fue el dios principal de Egipto durante el reinado de Peribsen, penúltimo faraón de la segunda dinastía. Su sucesor (quizá por la fuerza) Jasejemuy zanjó definitivamente el desorden y logró controlar las dos tierras de una manera efectiva. Este gran faraón del Alto Egipto consiguió reunificar el país a base de victorias militares sobre el norte (en una inscripción bajo una estatua de Jasejemuy, se cifran las bajas enemigas en 47029). Posteriormente se desposó con una princesa del norte, Hepenmaat (Madre engendradora de reyes), sellando definitivamente la reunificación y legando un país unido y próspero a su sucesor, el faraón Zoser, promotor de la primera pirámide de la historia, la escalonada de Sakkara, gracias a esta bonanza que le legara su ¿padre? Jasejemuy. Estas dos dinastías se engloban en el conocido como período Tinita (con capital en Tinis), también llamado proto-dinástico. El faraón que inauguró la I dinastía fue Narmer y el que la cerró fue Qaa, usurpador de otro usurpador, el penúltimo de la I dinastía, el faraón Semerjet. La II Dinastía sería iniciada por Hotepsejemuy y fue cerrada por el anteriormente citado Jasejemuy. Importante en esta II Dinastía fue también el faraón Peribsen.
El lugar sagrado de enterramiento en estas dos dinastías sería Abydos.


A partir de la III Dinastía, con el inicio del periodo conocido como Imperio Antiguo, la capital pasará a ser Memphis y el lugar de enterramiento se trasladará a la necrópolis de Sakkara, lugar que verá emerger de las arenas la primera pirámide de la historia, la escalonada de Zoser. También habrá cambios en el panteón de deidades, pues el Dios Ra superará en importancia tanto a Horus como a Seth. Aunque esto lo dejaré para el artículo dedicado al Imperio Antiguo, el tiempo en mi opinión más extraordinario de la historia de Egipto.

sábado, 1 de septiembre de 2007

EGIPTO III (LA UNIFICACIÓN)

La paleta de Narmer


El inicio de Egipto como tal, es decir, con la unificación de las dos tierras, ha sido datado por los expertos algo antes del 3000 a.c., tiempo al que pertenece la paleta que vemos en la imagen superior. Este peculiar hallazgo habla de un tiempo inmediatamente anterior, aquel en que se estaba forjando la unificación. Esta, como tantas otras, no fue pacífica ni mucho menos, y fue el sur, el alto Egipto, el que conquistó al norte, el bajo Egipto, instalado en el delta. El faraón conquistador que aparece en la paleta, con su maza en alto y sojuzgando a un enemigo, es Narmer, a quien se le atribuye la unificación final de las dos tierras, proceso que empezara años atrás con sus antecesores, entre quienes destaca el conocido (por el cine) "Rey Escorpión", que gobernó la ciudad del Halcón, Hierakónpolis, capital del alto Egipto, y que conquistó el resto de ciudades del sur para ponerlas bajo su dominio. La historia de Egipto empieza tan sólo un poco antes, con aldeas y precarias ciudades (llamadas "Nomos") construidas a orillas del Nilo, independientes las unas de las otras y gobernadas por reyes (más bien "nomarcas").

El origen de estas gentes aún es motivo de controversia pero se supone que llegaron de tierras más al oeste, de un lugar conocido como "Playa Nafta", ahora desértico pero que pudo ser un vergel antes que el cambio en los vientos monzones lo hiciera un lugar árido e inhabitable. Así pues, tras el cambio climático en su hábitat, estos hombres debieron buscar territorios más favorables y, caminando hacia el este, se toparon con el Nilo. El impacto que debió causarles tal descubrimiento es facilmente comprensible si vemos un mapa de Egipto vía satélite. Las cercanas orillas del Nilo ý su delta son lo único que escapa al desierto. Sin duda, el río sagrado era fuente de vida y alejarse de él conducía a la muerte. De este modo, el fértil valle del Nilo empezó a llenarse de estos "Nomos" de los que he hablado antes. Con el paso del tiempo, algunos de ellos se hicieron más importantes. Buto, por ejemplo, al norte del delta, era el nomo más importante de las tierras bajas. Honor que recaía en las tierras altas del sur en Hierakónpolis, ciudad cuyos poderosos gobernantes, ávidos de un poder mayor, empezaron la conquista de las ciudades cercanas hasta controlar todo el sur bajo su autoridad, con núcleos importantes de población como Abydoss o centros de comercio como Naqada. Se supone que el "Rey Escorpión" contribuyó de manera decisiva a esta unificación de las tierras altas, a tenor de lo encontrado en un hallazgo en Hierakónpolis, con inscripciones algo parecidas a las de la paleta de Narmer. Este último (llamado Menes por Manetón en su lista real en griego de faraones egipcios) siguió la política expansiva de sus predecesores y abordó con éxito la conquista del norte. Los del Delta, inferiores en casi todo al poderoso sur, cayeron bajo la maza del faraón, como vemos en la inscripción de la paleta. Paleta cuyo uso práctico era para albergar cosméticos. No hay que olvidar que no sólo las mujeres se maquillaban en el antiguo Egipto, pues también los hombres lo hacían a diario. Especialmente los ojos y sus contornos. Se observa en la imagen de la izquierda, parte superior de la paleta, cómo dos leones entrelazan sus cuellos en señal de la unión entre los dos reinos. En la pequeña cavidad de ese círculo que forman los dos cuellos era dónde se depositaban los cosméticos que se iban a usar. La parte de atrás (imagen de la derecha) es meramente decorativa y en ella es donde se exhibe la conquista del norte por parte del sur. Se ve a Narmer, altivo, amenazando con su maza a un rival (que simboliza a las tierras bajas), a quien tiene del pelo. El derrotado está de rodillas e intentando huir. Bajo los pies del faraón tambien se observan dos enemigos más que huyen despavoridos. Sin duda, es la representación de una gran victoria militar. Un detalle muy a tener en cuenta es la corona que Narmer lleva sobre su cabeza. Se trata de la alargada corona blanca del sur. Ahí está la clave. Por la otra cara ya le vemos (parte superior izquierda) como ya se ciñe la doble corona. La búlbica blanca del sur ya se ha acoplado a la roja del norte, señal inequívoca de que la paleta otorga a Narmer el papel de unificador de Egipto. Las fechas para este evento dadas por los expertos estarían entre 3100 ac y 3050 ac. A partir de entonces, comenzarían las maravillas de una civilización espléndida y grandiosa.

FRAN MELIÁ

sábado, 18 de agosto de 2007

EGIPTO II (EL VIAJE)

En la meseta de Gizeh.



Ayer llegué de Egipto y mis pensamientos aún están llenos de las imágenes de templos, pirámides, mastabas, museos, estatuas, momias o el sagrado Nilo, motor principal del país faraónico. Marché con tres amigos y dos amigas, una de ellas la mujer de otro de ellos, Asens el hijo del "pare", aunque eso es otra historia. Pues bien, ella, Vero, hizo posible nuestro normal desplazamiento por Egipto, gracias a su don: el dominio del inglés. Sin este idioma, muchas veces se hace dificultosa la comunicación en Egipto. Por llevar una sincronía temporal, empezaré por el principio, como suele decirse. Visitamos todo cuanto tuvimos oportunidad de visitar, levantándonos a horas intempestivas. El penúltimo día nos levantamos a las seis de la mañana y a todos nos pareció un verdadero lujo. Y no es para menos, puesto que los dias anteriores habían sido a las 2 y media, a las cinco o a las cinco y media. Hasta el último día tuvimos que despertarnos a las tres y media, ya que el avión salía a las 7. Puedo asegurar que he vuelto fatigado, pero que pocos viajes me llenarán tanto como el que acabo de realizar. Nada más llegar a las 12 de la noche, después de horas y horas de viaje, contratamos las excursiones. La primera salia hora y media después, a las dos y media, a Abú-Simbel. Allí llegamos poco después del amanecer. Después visitamos la presa de Asuán. La nueva y la antigua. De allí nos dirigimos a Philae, templo reconstruido en la isla Elefantina, dedicado al dios Halcón Horus y a donde se accede mediante una precaria embarcación conducida por nativos. Luego comimos en el barco y navegamos hasta Kom Ombo, templo dedicado originalmente al dios cocodrilo Sobek (el Pare para nosotros). pero que después acogería también el culto a Horus. Visitado este templo, embarcamos de nuevo, cenamos y marchamos hacia Edfú, uno de los cuatro templos de la leyenda de Horus (Abydos, Edfú, Dendera y Philae), con inscripciones parecidas a las encontradas en Elefantina. Esa misma tarde, pasada la esclusa de Esna, visitamos los dos templos principales del Imperio Nuevo, Karnak y Luxor, monumentales obras a las que unía una avenida de Esfinges con cabezas de carnero del dios Amón, dios principal del Imperio Nuevo. El día siguiente sería para los colosos de Memnon, el templo de Hatsepsut y el valle de los reyes, con fatigosa visita incluida a la escondida tumba de Tutmosis III, el rey guerrero. sucesor de Hatsepsut. De allí se sale respirando con dificultad y con las piernas bien cargadas.

Por la noche volamos hacia El Cairo y a la mañana siguiente visitamos Memphis, capital del bajo Egipto (Tebas, ahora Luxor, es la del alto Egipto) y de allí marchamos hacia la necrópolis de Sakkara, donde visitamos un par de mastabas antes de acercanos a la primera pirámide de la historia, la del faraón Zoser, concebida por el genial Imhotep, con su templo anexo y el lugar reservado para el Heb-Sed, fiesta en que el faraón renovava su poder y donde se enfrentaba a un toro. Desde lo alto y muy a lo lejos, se aciertan a divisar las pirámides de Snefru en Dashur, faraón de enorme prestigio para todos aquellos que lo precedieron y nexo de unión entre la originaria primera pirámide de Imhotep y las colosales tres pirámides de Gizeh de Keops, Kefrén y Micerynos, lugar que visitamos a continuación, para terminar en la guardiana de las pirámides, La Esfinge, escultura colosal atribuida a Kefrén. Cerramos el viaje con la visita al museo egipcio de El Cairo y al kafkiano mercado de El Halily, donde regresamos al día siguiente también. Sobre los nativos de la actualidad, sus costumbres y, sobre todo, su singular forma de conducir haré un artículo expresamente. Por el momento es todo.

Saludos

FRAN MELIÁ