El lugar sagrado de enterramiento en estas dos dinastías sería Abydos.
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viernes, 28 de septiembre de 2007
EGIPTO IV (PERIODO TINITA)
El lugar sagrado de enterramiento en estas dos dinastías sería Abydos.
sábado, 1 de septiembre de 2007
EGIPTO III (LA UNIFICACIÓN)
El inicio de Egipto como tal, es decir, con la unificación de las dos tierras, ha sido datado por los expertos algo antes del 3000 a.c., tiempo al que pertenece la paleta que vemos en la imagen superior. Este peculiar hallazgo habla de un tiempo inmediatamente anterior, aquel en que se estaba forjando la unificación. Esta, como tantas otras, no fue pacífica ni mucho menos, y fue el sur, el alto Egipto, el que conquistó al norte, el bajo Egipto, instalado en el delta. El faraón conquistador que aparece en la paleta, con su maza en alto y sojuzgando a un enemigo, es Narmer, a quien se le atribuye la unificación final de las dos tierras, proceso que empezara años atrás con sus antecesores, entre quienes destaca el conocido (por el cine) "Rey Escorpión", que gobernó la ciudad del Halcón, Hierakónpolis, capital del alto Egipto, y que conquistó el resto de ciudades del sur para ponerlas bajo su dominio. La historia de Egipto empieza tan sólo un poco antes, con aldeas y precarias ciudades (llamadas "Nomos") construidas a orillas del Nilo, independientes las unas de las otras y gobernadas por reyes (más bien "nomarcas").
El origen de estas gentes aún es motivo de controversia pero se supone que llegaron de tierras más al oeste, de un lugar conocido como "Playa Nafta", ahora desértico pero que pudo ser un vergel antes que el cambio en los vientos monzones lo hiciera un lugar árido e inhabitable. Así pues, tras el cambio climático en su hábitat, estos hombres debieron buscar territorios más favorables y, caminando hacia el este, se toparon con el Nilo. El impacto que debió causarles tal descubrimiento es facilmente comprensible si vemos un mapa de Egipto vía satélite. Las cercanas orillas del Nilo ý su delta son lo único que escapa al desierto. Sin duda, el río sagrado era fuente de vida y alejarse de él conducía a la muerte. De este modo, el fértil valle del Nilo empezó a llenarse de estos "Nomos" de los que he hablado antes. Con el paso del tiempo, algunos de ellos se hicieron más importantes. Buto, por ejemplo, al norte del delta, era el nomo más importante de las tierras bajas. Honor que recaía en las tierras altas del sur en Hierakónpolis, ciudad cuyos poderosos gobernantes, ávidos de un poder mayor, empezaron la conquista de las ciudades cercanas hasta controlar todo el sur bajo su autoridad, con núcleos importantes de población como Abydoss o centros de comercio como Naqada. Se supone que el "Rey Escorpión" contribuyó de manera decisiva a esta unificación de las tierras altas, a tenor de lo encontrado en un hallazgo en Hierakónpolis, con inscripciones algo parecidas a las de la paleta de Narmer. Este último (llamado Menes por Manetón en su lista real en griego de faraones egipcios) siguió la política expansiva de sus predecesores y abordó con éxito la conquista del norte. Los del Delta, inferiores en casi todo al poderoso sur, cayeron bajo la maza del faraón, como vemos en la inscripción de la paleta. Paleta cuyo uso práctico era para albergar cosméticos. No hay que olvidar que no sólo las mujeres se maquillaban en el antiguo Egipto, pues también los hombres lo hacían a diario. Especialmente los ojos y sus contornos. Se observa en la imagen de la izquierda, parte superior de la paleta, cómo dos leones entrelazan sus cuellos en señal de la unión entre los dos reinos. En la pequeña cavidad de ese círculo que forman los dos cuellos era dónde se depositaban los cosméticos que se iban a usar. La parte de atrás (imagen de la derecha) es meramente decorativa y en ella es donde se exhibe la conquista del norte por parte del sur. Se ve a Narmer, altivo, amenazando con su maza a un rival (que simboliza a las tierras bajas), a quien tiene del pelo. El derrotado está de rodillas e intentando huir. Bajo los pies del faraón tambien se observan dos enemigos más que huyen despavoridos. Sin duda, es la representación de una gran victoria militar. Un detalle muy a tener en cuenta es la corona que Narmer lleva sobre su cabeza. Se trata de la alargada corona blanca del sur. Ahí está la clave. Por la otra cara ya le vemos (parte superior izquierda) como ya se ciñe la doble corona. La búlbica blanca del sur ya se ha acoplado a la roja del norte, señal inequívoca de que la paleta otorga a Narmer el papel de unificador de Egipto. Las fechas para este evento dadas por los expertos estarían entre 3100 ac y 3050 ac. A partir de entonces, comenzarían las maravillas de una civilización espléndida y grandiosa.
FRAN MELIÁ
sábado, 18 de agosto de 2007
EGIPTO II (EL VIAJE)
jueves, 19 de julio de 2007
EGIPTO (EL INICIO DE LA CIVILIZACIÓN)
En Edfú, estatua del dios halcón Horusmartes, 17 de julio de 2007
HUMANIDAD ANTEDILUVIANA (CONCLUSIONES)

martes, 26 de junio de 2007
¿HUMANIDAD ANTEDILUVIANA? (II)

Aquí dejo la doble página de la revista donde aparece el dibujo en cuestión, expuesto sin pudor por Daniken como pintura prehistórica.

Otro caso increíble es el de los jarrones de diorita egipcios. La diorita es una de las piedras más duras que existen, pero los egipcios, de bloques mazizos de esta roca, lograron hacer jarrones que luego, ¡maravilla de las maravillas!, vaciaban por dentro a la perfección, hasta los ángulos imposibles donde los taladros más modernos no llegan. Es un hecho reconocido que en la actualidad no puede hacerse, porque los estrechos cuellos del jarrón, algunos donde no le cabía el dedo índice a un niño, imposibilitan a cualquier taladro alcanzar los ángulos muertos sin romper el cuello del jarrón. Los egipcios sí sabían hacerlo, y prueba de ello son sus miles de piezas de este estilo. Los que defienden la teoría de un mundo antediluviano sostienen que tal prodigio les fue legado por una civilización que les antecedió. Hace una década, Jhon Anthony West demostró que el desgaste de la parte inferior de la Esfinge no era como el del resto de monumentos egipcios, por la erosión de viento y arena, sino que se debía al agua. Os invito a que lo veáis por vosotros mismos en cualquier imagen de la Esfinge con buena definición. Es realmente inquietante. Esto supone un revés para la historia académica, puesto que en Egipto no se registran lluvias capaces de hacer algo así desde el 7ooo a.c., o sea, 5000 años antes de la supuesta construcción de la Esfinge. Contrariamente, la cabeza sí está erosionada como se supone que debería estarlo, por ello West supone que Kefrén lo que hizo no fue construirla sino apropiarse de ella, cambiando su originaria cabeza de león (relacionando a la Esfinge con la constelación de Leo) por la de su propio rostro. Como si la Esfinge hubiera estado ahí mismo, en Gizeh, desde tiempos muy anteriores a este faraón, cuando ni siquiera existía ni el mínimo rastro de Egipto, y esa zona era un vergel donde las lluvias eran abundantes. Como he dicho antes, para encontrar estas lluvias en Egipto deberíamos situarnos entre el 9000 a.c. y el 7000 a.c. Aún con todo, nadie puede sostener que una civilización antediluviana precedió a la nuestra, aunque también es verdad que quedan muchos cabos sueltos que invitan a pensar.
Hay poco más de lo que os he contado, que verdaderamente sea chocante, quizá los trépanos egipcios, evidencias en piedra de que los egipcios taladraban con una potencia 50 veces superior a la nuestra (remito a las investigaciones de Flinders Petrie) o, como no, las técnicas utilizadas en la construcción de la Gran Pirámide, que necesita de un capítulo aparte, los famosos Ooparts y poco más. También comentaré más adelante una teoría defendida por algunos investigadores (Sitchin y Von Daniken especialmente), que aboga porque los dioses venerados por las antiguas culturas fuesen visitantes extraterrestres que trajeron la civilización. Ya sé que parece una aberración nada más leerlo, pero invito a la entretenida lectura de sus libros a quien lo desee. Yo haré un artículo sobre el tema en su momento.
lunes, 25 de junio de 2007
¿HUMANIDAD ANTEDILUVIANA?
La primera, y para mí más fascinante, es la de la Atlántida, una especie de civilización avanzada, que supuestamente pudo poblar una isla atlántica, hoy desaparecida, allá por el 9.500 a.c. Fue Platón, en el 400 a.c., el primero en hablar de ella, aunque posteriormente lo harían muchos y de formas diversas, tomando verdadera relevancia en el siglo XIX con el libro de Ignatius Donnelly: “Atlantis, the antediluvian world”. Aunque Platón la ubicaba “más allá de las columnas de Heracles” (estrecho de Gibraltar), es decir, en el océano Atlántico y a mitad de camino entre España y América, las ubicaciones que le han dado cada uno de los investigadores han sido de lo más dispares. Jurgen Spanuth la ubica en las heladas tierras nórdicas, Ribero-Meneses y Jorge Díaz la colocan en el sur de España y la relacionan con Tartessos. En el altiplano boliviano, en Bimini, en el triángulo de las bermudas, en las costas atlánticas del continente americano, en las Islas Canarias… Para aquellos poco versados en el tema recomiendo “En busca de la Atlántida” de Richard Ellis, donde se exponen todas y cada una de estas teorías, así como algunos espacios de la web como estos.
http://www.historia-antigua.com/atlantida/index.php
http://es.wikipedia.org/wiki/Atl%C3%A1ntida_(continente)
He leído mucho sobre la Atlántida, y puedo decir que con quien más cerca estoy es con Spyridon Marinatos, quien afirma que la leyenda de la Atlántida pudo ser debida a las reminiscencias del cataclismo que hizo sucumbir a la civilización minoica, un hecho arqueológicamente probado y que supuso una de las erupciones volcánicas más grandes de la historia, capaz de hacer desaparecer casi la totalidad de una isla, la isla de Thera o Santorín. Esto ocurriría hacia 1400 a.c. y casi 1000 años después Platón narraría aquel suceso de una forma algo más grandiosa, para ilustrar así las ideas sobre la sociedad perfecta que exponía en su tratado “La República”. Sólo hay un pero, que Platón hubiera podido ubicarla perfectamente ahí pero no lo hizo, pues la colocó “más allá de las columnas de Heracles”. Santorín era un lugar muy conocido por los griegos, donde tras los minoicos se instalaron los micénicos. Así pues, ¿por qué Platon la colocó en el Atlántico y no en el Mediterráneo? ¿Por qué habló de 9000 años y no de 900? Las dudas surgen multiplicadas a cada nuevo avance. Y eso que no he querido hablar de esos “iluminados” que también hicieron su aportación al misterio, como Edgar Cayce, supuesto profeta, o Elena Blavatsky, profesional de lo esotérico, cuyas afirmaciones bien podrían presentarse como un magnífico guión para una película de Hollywood. En fin, por hoy es suficiente, aunque seguiré hablando del tema.
