UN ENTRETENIDO PASEO POR LA HISTORIA

Historia es todo lo que existe y todo lo que ha existido. Hasta aquello que está por venir acabará convirtiéndose en ella también. Es la ciencia que contiene todas las demás, pues cualquiera de ellas forma parte de sus entrañas. Si somos flexibles en cuanto a nuestro estudio de fechas y nombres, y nos ceñimos a los hechos concretos, esta ciencia se convierte en una inacabable película, una inabarcable novela, con sucesos increíbles y finales inesperados. El problema radica en que su sentido es diferente en cuanto a quien sea su narrador, privilegio reservado tradicionalmente para los vencedores, para los fuertes, para aquellos que están en la cima en el momento en que se escribe. Es por ello que hay que ir con cuidado con las interpretaciones subjetivas (casi siempre) que encontramos en los documentos históricos. El fin de esta página es; primero, entretenerme yo y después intentar entretener a quien la lea. Me he tomado la molestia de preparar un surtido número de links para que, quien lo desee, pueda comprobar si mis reflexiones son ciertas o no lo son.



En Rennes le chateau

miércoles, 3 de septiembre de 2008

EL MITO DE PANDORA (III)


PASEANDO POR EL INTERIOR DEL MITO


Uno de los principales quebraderos de cabeza de esta leyenda es el papel que Hesiodo quiso darle a la esperanza. Difícil es aseverar si el autor clásico la consideró como un bien o como un mal. Y más difícil aún dilucidar qué significado pudo tener para él el hecho de dejarla encerrada en la jarra (caja) evitando que se esparciera por el mundo.
Si era un bien, ¿por qué no deja que salga al mundo y puedan experimentarla los hombres al final del relato? ¿Qué sentido tiene dejarla encerrada? Aunque difícilmente podía ser considerada como un bien para el autor cuando escribe que la jarra contenía TODOS los males del mundo. De considerar la esperanza un bien, ¿no es lógico que lo hubiera citado explícitamente? "Todos los males del mundo y un bien, la esperanza", por ejemplo. Esto evidenciaría que la hacía diferente a los otros males. Pero no es así. Lo escrito por Hesiodo habla de una jarra con todos los males, por lo que todo apunta a que así era considerada por el escritor.
Entendiendo pues que Hesiodo considerase la esperanza como un mal (esta es mi opinión, pero existe un debate abierto entre los expertos en este campo) se sigue sin encontrar un sentido claro y explícito al hecho de dejarla encerrada. ¿Acaso era considerada el peor de los males y Pandora pudo evitar que escapara? ¿Acaso los males considerados más livianos estaban arriba y la esperanza pesara más por su maldad y por ello quedara en el fondo de la jarra mientras salían el resto de males? Pero Hesiodo era consciente de que los hombres que le rodeaban sí experimentaban esa experanza, o sea, que la esperanza en algún momento había salido de la jarra. ¿Por qué sin embargo él le niega tal hecho y la deja encerrada? ¿Por qué no nos cuenta nada de que saliera?
Sacar de esta leyenda la conclusión de "la esperanza es lo último que se pierde" es totalmente inadecuado. Primero, porque la esperanza no era algo que alguien tuviera, sino un mal (o un bien) enviado por Zeus. Precisamente el hecho de mantenerla encerrada en la jarra era lo que impedía que los hombres tuviesen esa misma esperanza. ¿Cómo pues la iban a perder si no tenían ni opción de tenerla? Además, esta expresión es dicha en sentido positivo. En el mito, sin embargo, es al contrario. Es decir, ¡menos mal que Pandora llegó a tiempo y no dejó que la esperanza saliera!


Esta caida del hombre, y a la vez despertar, es una alusión reiterativa en muchos mitos antiguos, especialmente en los de origen o influencia mesopotámica. Este "buen salvaje" de Rousseau, que vive feliz y dichoso en su ignorancia, desconociendo la maldad, la muerte, el sufrimiento, los anhelos, no necesita hacer nada para subsistir ya que la naturaleza (el mundo mismo) le provee de todo lo necesario para subsistir. Digamos que no interactúa con la naturaleza sino que se limita a recolectar o cazar lo que ésta le ofrece. Por tanto, el apartado de la propiedad es aún un camino por recorrer. La revolución neolítica produce un cambio en la manera de enfrentar el mundo. Ahora la cosa cambia y ya no se recoge lo que ofrece la naturaleza sino lo que uno mismo se ha procurado para sí en una zona determinada. Es decir, en esa zona en concreto la naturaleza no hubiese ofrecido nada si no hubiera habido alguien que sembrara, regara y cuidara ese punto en concreto. Lógicamente, se considera dueño de los frutos. Algo que hasta ese momento era difícil de concebir. Esto le lleva a convertirse cada vez en más sedentario, con una organización cada vez más compleja, hasta formas sociedades en ciudades. Esto hace pensar al hombre que quizá no sea un animal como los demás, ya que tiene conciencia de sí mismo y es capaz de interactuar con el entorno. Inmediatamente después viene el pensamiento ¿tendrán también algunos animales esta concienzación? No es de extrañar pues que se divinizaran tantos animales en la antigüedad.
Como vemos, es fácil relacionar estos relatos con el cambio que se produjo para el género humano en el Neolítico. Lógico y perfectamente comprensible. Sin embargo, lo que para nosotros sería evolución (un paso para adelante) los antiguos lo consideraban involución (las cosas empeoraron tras eso). Para ellos, ese estado anterior del hombre era añorado. Para nuestra moderna visión, un escollo que superar.
Se suele decir que, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y ese justamente es el sentido que para los antiguos tenía. Un tiempo pasado, feliz y longevo. Y para añorar un tiempo, ¿cuál mejor que uno expresamente inventado para ello?

EL MITO DE PANDORA (II)


SIMILITUDES CON EL GÉNESIS BÍBLICO

Muchas son las similitudes entre el Génesis y el mito de Pandora. En lo esencial cuentan lo mismo. La caida del hombre. Pero es que además siguen prácticamente las mismas pautas.
GÉNESIS: Los humanos viven en el jardín del Edén, provistos de todo alimento, "desconociendo del bien y del mal"
TEOGONIA: Los humanos habitan una tierra que les provee de lo que necesitan, pero desconocen el motivo. Carecen de sabiduría y no son capaces de dominar la agricultura.

GÉNESIS: Yaveh ha dispuesto que este sea el estado ideal para la humanidad y prohibe expresamente probar el fruto del "árbol de la ciencia" (sabiduría) para evitar que el hombre sea como Dios, "y sus ojos sean abiertos, sabiendo del bien y el mal".
TEOGONÍA: Aquí es Zeus quien dispone el mismo estado de ignorancia para el hombre, valiéndose de los demás dioses para que así sea (el monoteísmo bíblico es sustituido por el politeismo griego)

GENESIS: La serpiente (el mal, el diablo) tienta a la humanidad, la mujer cae en su trampa y prueba el fruto prohibido, adquiriendo con ello la conciencia de la realidad (sabiduría) por lo que le recae el consiguiente castigo.
TEOGONÍA: Aquí, con el politeísmo, la leyenda toma otro cariz, asemejándose a los textos mesopotámicos con dioses favorables y desfavorables para la humanidad. Prometeo es quien tienta a la humanidad, ofreciéndoles el fuego (la sabiduría) que ellos aceptan encantados. En el texto griego Prometeo no es malicioso para la humanidad sino benefactor (como tantos dioses de tantas creencias politeistas como Enki, Quetzalcoatl, Kukulcan). En cualquier lugar, el resultado es el mismo. La humanidad será castigada por tal osadía.

GÉNESIS: La naturaleza del castigo es claro. Fin de la inmortalidad (y tus días serán de 120 años), aparición de las enfermedades y el dolor (y parirás con dolor) así como de la fatiga y el cansancio, sensaciones desconocidas hasta entonces (ganarás el pan con el sudor de tu frente)
TEOGONÍA: El castigo son todos los males que contiene la jarra, que acaban con la inmortalidad de los hombres, que ahora envejecerán y morirán, padecerán dolor y enfermedades y sabrán lo que es el cansancio (entre otros muchos males)

Aunque los que contravienen los castigos divinos no coinciden en ambos relatos (los hombres aceptan el fuego de Prometeo - la mujer acepta la proposición de la serpiente), sí sin embargo coinciden en hacer recaer la culpa en el género femenino en ambos casos.
GENESIS: La culpable es la mujer, que cae en los engaños de la serpiente y convence a Adán para que también lo haga. La fémina queda retratada como un ser débil de caracter a quien no hay que hacer caso, ya que por su culpa se perdió la gracia de Dios.
TEOGONIA: La culpable es la mujer, que como ser voluble, tendencioso e irreflexivo (así fue expresamente hecha por los dioses para Epimeteo) comete el grave error de esparcir todos los males por el mundo. Suya es la culpa de la existencia de esos males.

No es de extrañar esto último, cuando sabemos de lo que eran capaces las antiguas sociedades patriarcales, anulando la personalidad de la mujer hasta llegar a hacer de ella una mera propiedad del padre hasta que pasaba a serlo del marido.
De momento, lo dejo aquí.

EL MITO DE PANDORA


LA CAJA DE PANDORA (EL PECADO ORIGINAL GRIEGO)


El mito de Pandora reúne de forma velada muchos otros mitos y leyendas en torno a sí. Muchas ideas y conceptos antiguos confluyen en esta leyenda de una forma amena y hermosa. Quizá sea por el juego que dan los caprichosos e inquietos dioses griegos. Es un mito complejo, donde nada está tan claro como pudiera parecer en un principio. Hasta aquello de “la esperanza es lo último que se pierde”, manida moraleja que se suele extraer de su lectura, también podría ponerse en duda. Pero, antes, mejor explicar el contenido de esta leyenda.

Esta leyenda comienza sin mujeres humanas (diosas sí, por supuesto). Por tanto existen los dioses y las diosas, los titanes y sus hijos (Prometeo es hijo del titán Jápeto) y los hombres, quienes son inmortales, no envejecen y gozan de los frutos que les da la tierra. En este punto nos encontramos en lo que podríamos denominar como “un jardín del Edén antes del pecado original”. Sin embargo, los hombres no están dotados de sabiduría, por tanto son incapaces de proveerse ni siquiera de comida por ellos mismos, estando a expensas de lo que la naturaleza (los dioses) tenga a bien concederles.

Prometeo, contraviniendo la decisión de Zeus de mantener a los hombres en esa ignorancia, le roba “el fuego” (que da luz en la oscuridad) y lo entrega a los hombres, con lo que estos “abren los ojos” y obtienen la sabiduría. Zeus, enterado de tal suceso, enfurece enormemente. Ahora los hombres tienen sabiduría y además son inmortales como los dioses. Eso no puede quedar así. Su osadía merece un castigo y la de Prometeo también. Así pues, Zeus planea una estratagema para matar dos pájaros de un tiro. Solicita a varios dioses que creen una mujer, Pandora, (como Eva, primera mujer humana) quienes la forman hermosa y atrayente. Sin embargo Zeus solicita a Hermes que inculque en ella la falsedad, la mentira y una insana curiosidad.


El siguiente paso es ofrecérsela a Epimeteo, hermano de Prometeo, quien acepta “el regalo” pese a las claras advertencias de su hermano al respecto. Así llega Pandora, la primera mujer, al mundo de los hombres. Pero no llega sola, viene acompañada de una jarra o ánfora (lo de la caja fue una “reinvención” en los tiempos del Renacimiento) en cuyo interior guarda todos los males del mundo. Envidia, odio, avaricia, pobreza… pero sobre todo unos males encaminados a acabar con esa condición semidivina de los hombres, es decir, el dolor, el cansancio, las enfermedades, el envejecimiento… y la muerte. Zeus no revela lo que guarda el interior de la jarra, pero advierte a Pandora que no la abra. Fiel a su naturaleza (curiosa y falsa) Pandora no puede evitar la tentación y la abre, esparciendo todos estos males por la tierra y privando a los hombres, entre otras muchas cosas, de la inmortalidad. Además ahora sienten dolor, enferman, sienten fatiga cuando trabajan (una clara alusión a aquello de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”).

Pero no acaba aquí la leyenda, falta todavía la guinda, pues Pandora tapó la jarra antes de que saliera todo lo que había en su interior, logrando conservar una sola cosa, la esperanza. De aquí se extrae aquello de que “siempre hay esperanza” o “la esperanza es lo último que se pierde”. Sin embargo, también hay un detalle que no se nos debe pasar, y es el hecho de que la esperanza estuviese en la jarra donde Zeus puso todos los males. Así pues, ¿no sería lógico pensar que los griegos considerasen la esperanza como un mal? Al menos quien compuso esta leyenda, Hesíodo, sí que la debía considerar como un mal, ya que así la ubicó.
(Hesiodo)

Mucho hay que comentar a esta leyenda. Sus evidentes semejanzas con diversos pasajes de Génesis, aún con la diferencia del monoteísmo y politeísmo (lo que allí hace un dios directamente con el hombre, en el mito de Pandora lo llevan a cabo diversos dioses de distinta naturaleza). Sus evidentes tintes machistas, clásicos de las sociedades patriarcales, de cargar los males del mundo a lomos del género femenino (también Génesis nos deja esta idea). Las semejanzas de Prometeo con la serpiente del Edén, tentando a los hombres para que desobedezcan a Dios y adquieran sabiduría. La idea compartida por los pueblos antiguos de una edad de Oro anterior, que fue quebrada por una desobediencia a lo divino (cargando las culpas generalmente a la mujer) O lo comentado en el párrafo anterior sobre considerar la esperanza como un mal.

Conforme vaya teniendo tiempo, iré desarrollando estos y otros puntos curiosos de esta leyenda, tan íntimamente relacionada a la psique del mundo antiguo, aunque también me gustaría conocer vuestras opiniones.

lunes, 28 de julio de 2008

EL ENIGMA DE RENNES - LE CHATEAU





Se han vertido ríos de tinta sobre lo que pudo acaecer en la pequeña población de Rennes-Le chateau a finales del siglo XIX. Ríos de tinta entre los que se encuentra “El enigma Sagrado” y el best seller mundial “El código Da Vinci” como principales referencias. Huelga decir que Dan Brown fue fiel a la historia mientras esta complementaba su relato, pero que tampoco tuvo problemas en “inventar” todo aquello que necesitaba cuando la historia no se adecuaba a su trama. Así pues, ¿cuánto de verdad hay, de lo que se cuenta sobre las peripecias del Abad Saunier?

François Berenguer Saunier fue destinado a Rennes-Le chateau a finales del siglo XIX, para « hacerse cargo » de la Iglesia de esta pequeña localidad. El abad procedía de una familia humilde y su posición económica no era ni mucho menos holgada. Sin embargo, un tiempo después, Saunier comenzó a manejar dinero de una forma sorprendente. Diríase que como llovido del cielo. Y prueba de ello es la remodelación de la pequeña iglesia o la construcción de la Torre Magdala o de “Villa Betania” (esta última preciosa, con su propio jardín donde fuera enterrado el mismo Saunier).

El problema reside en las diferentes teorías sobre la procedencia de ese dinero al que, por su condición humilde, jamás podría haber tenido acceso. Existen hipótesis hasta la extenuación del lector. Algunas auténticamente descabelladas. Pero han sido un par de ellas las que más fuerza han adquirido. Una trata sobre el supuesto hallazgo de un tesoro templario, junto a algunos documentos comprometedores para la iglesia (sin aclararse mucho en qué aspecto la comprometían) que permitieron al abad realizar las obras en Rennes-Le chateau, dejando algunos “detalles velados” de su hallazgo. La otra hipótesis trata de unas genealogías que Saunier pudo encontrar en el interior de una columna, y que llegaban hasta el mismísimo Jesucristo (esta fue la utilizada por Dan Brown). Se supone que el Vaticano “adquirió” esas genealogías a cambio de una suculenta suma de dinero, parte del cual el Abad invertiría en “dejar” constancia de su hallazgo, en las obras que emprendió. Al no poder revelar su descubrimiento, se supone que dejó mensajes encriptados o velados, tanto en la iglesia como en la torre y la villa. Siendo fiel a la verdad, hay que reconocer que aquella pequeña iglesia no tiene parangón con ninguna otra, en cuanto a ciertas peculiaridades. La mayor de todas es la presencia de un demonio asmodeo en el interior de la iglesia, representación única en todo el mundo. Y es mucho más desconcertante en cuanto a que este demonio forma parte de la pila bautismal.

Justo encima de este demonio (sobre él y formando parte también de la pila bautismal) encontramos otra peculiaridad. Bien podría entenderse como una alusión al emperador Constantino. Es conocida la leyenda de este emperador cuando se le apareció un ángel, mostrándole una cruz y diciendo: “Por este signo vencerás”. Pues lo que hay sobre este demonio son 4 ángeles formando una cruz (y con otra cruz sobre ellos), a cuyos pies se puede leer esta inscripción: “Par ce signe tu le vaincras” (Por este signo tú le vencerás). Sin duda, se trata de un guiño de Saunier a Constantino. Por si fuera poco, dos de los ángeles adoptan una clara postura militar. Pero esto mejor dejarlo para otra ocasión.


Que nada más entrar a una iglesia seas recibido por un demonio, desde la pila bautismal, ya es sorprendente por sí mismo, pero si además hay inscrita una leyenda en el dintel de la iglesia que dice “Terribilis est locus iste” (Este lugar es terrible), entonces uno empieza a encontrar el asunto desconcertante.
Pongo esta imagen hallada en la red, donde se observa la inscripción mejor que en la mía
También resulta evidente la devoción del abad por la Magdalena. La iglesia misma esta dedicada a ella, donde posee representación propia. Además, Saunier construiría en honor de María Magdalena una torre maciza de piedra, que llevaría su mismo nombre, “Torre de Magdala”

En esta devoción, algunos quieren ver que los supuestos documentos que halló Saunier relacionarían a la Magdalena con Jesús hasta el punto de ser la madre de sus descendientes. Es decir, María Magdalena encabezaría esas supuestas genealogías. Se supone que la iglesia le pagaría por su silencio, pero que Saunier utilizaría ese dinero para decir su verdad de forma velada en las obras que emprendió. Esa sería la columna vertebral tanto de “El enigma Sagrado” como de “El código Da Vinci”Parte superior de Villa Betania, junto al torreón, desde donde se observa el bello paisaje del país cátaro

Llegando al terreno de las conclusiones (Terribilis est locus iste), he de decir que sí creo que el abad encontraría algo. Quizás oro de algún pequeño tesoro templario o cátaro. Quizás algún documento valioso para la Iglesia. No lo sé. Pero lo que es evidente es que casi de un día para otro, el abad pasó de humilde a adinerado. También es evidente que Saunier tenía devoción por la Magdalena, sin embargo nadie asegura que esa devoción se originara allí. Quizá ya antes el abad era devoto de María Magdalena. O quizá esa devoción sí se originó allí, pero no por ningún hallazgo de ningún tipo, sino porque esa misma iglesia ya estaba dedicada a la Magdalena antes de su llegada y ello pudo influirle en la percepción de este personaje. Tampoco lo sé, pero la devoción del abad por la Magdalena, además de ese supuesto hallazgo de las citadas genealogías, se puede explicar de muchas otras formas.

Entonces, resumiendo mi opinión, puede que sí encontrase un pequeño tesoro, bien con un valor real (oro, joyas, etc) o con otro diferente (documentos valiosos para la iglesia por los que fue recompensado). Gran parte de ese dinero lo destinó a un personaje que sin duda adoraba, María Magdalena. Convencido de que este personaje era mucho más importante de lo que la Iglesia estaba dispuesta a concederle, le hizo un pequeño homenaje encriptado en las construcciones que emprendió en Rennes-Le chateau.

martes, 20 de mayo de 2008

Sintesis cronológicas de la Historia Antigua: EGIPTO




- 6000 A.C. : Primeros asentamientos humanos en el valle del Nilo. Hasta el 3100 A.C. se sucederán tres periodos, cada vez más evolucionados, denominados badariense, amratiense y geerziense hasta acabar formando diversos núcleos poblados, conocidos como nomos, distribuidos en dos zonas territoriales claramente diferenciadas. El Alto Egipto y el Bajo Egipto
- 3100 A.C. : Narmer, primer faraón de la I Dinastía, unifica las dos tierras y gobierna sobre todo el país desde su capital, Menfis. Sin embargo, Egipto no será estable hasta la efectiva reunificación de Jasejemuy, último faraón de la II Dinastía, hacia 2700 A.C., quien deja a su sucesor un país estable y próspero, que ha visto la aparición de la escritura hacia 3050 A.C.

- 2700 A.C. : Empieza el conocido como Imperio Antiguo, que comprende las dinastías III, IV, V y VI (las dinastías VII y VIII aún son objeto de controversia). Es el periodo de la eclosión de las pirámides. La primera la de Zoser, en Sakkara, concebida por el genial Imhotep y las más colosales las de la meseta de Gizeh, de Keops, Kefren y Micerinos. Cabe destacar también al faraón Snefru (IV dinastía) como el mayor constructor, con tres pirámides. Tras la continua pérdida de poder por parte de los faraones de la VI dinastía frente a la nobleza, hacia 2150 A.C. se desmorona la unidad del país, que además es víctima de sequías y hambrunas.
- 2150 A.C. : Durante un siglo, Egipto no contará con un poder centralizado. Es el conocido como Primer periodo intermedio, que engloba las dinastías IX, X, y XI. El gobernante tebano Montuhotep II derrota al poder de Heracleópolis y vuelve a reunificar el país hacia 2050 A.C.
- 2050 A.C. : Con el traslado de la capital a Tebas empieza el Imperio Medio, que se prolongará durante el reinado de las dinastías XI y XII, hasta 1800 A.C.. Es muy valorada la literatura de este periodo. Habilitación de la zona de El Fayum. Hacia el final del Imperio Medio se observa una relevancia cada vez mayor de los sacerdotes de Amón. Amenemhat IV será el último gobernante del Imperio Medio. Tras él el país volverá a dividirse.
- 1800 A.C. : Los gobernantes de la XIII dinastía se ven impotentes para mantener la unidad del país y el delta se separa de la influencia del sur, formando la XIV dinastía. Las oleadas de nómadas libios y asiáticos amenazan Egipto. Los hicsos se hacen con el poder al norte, fundando las dinastías XV y XVI, con capital en Ávaris. Es la primera ocasión que Egipto es gobernado por extranjeros. Sekenenra, Kamose (dinastía XVII) y Ahmose (iniciador de la dinastía XVIII) lograrán derrotarlos, volviendo a unificar el país hacia 1550 A.C.
- 1550 A.C. : Empieza el conocido como Imperio Nuevo, que engloba las dinastías XVIII, XIX y XX y que significará cuatro siglos de esplendor para Egipto, que se expandirá considerablemente. Tebas es el centro de poder con los sacerdotes de Amón aumentando también el suyo propio, tan sólo alterado brevemente por la herejía de Akenaton en Amarna. Periodo de batallas épicas para Egipto como la de Meggido (Tutmosis III)), la de Kadesh (Ramsés II), o la del Delta del Nilo contra los “Pueblos del mar” (Ramsés III). A la muerte de Ramsés XI la nueva división del país es evidente. Al norte emergerán los libios, frente al cada vez más poderoso clero de Amón.
- 1050 A.C. : Egipto entra en el denominado como Tercer Periodo Intermedio. No es un buen periodo para Egipto que pierde el control de Siria, Fenicia y Palestina. El otrora grande, apenas sale ahora de sus fronteras. Además, Asarandon y su hijo Asurbanipal de Asiria derrotan a Egipto en su propia tierra, tomando incluso la capital, Menfis. Este periodo engloba las dinastías XXI, XXII, XXIII, XXIV y XXV, esta última la primera de origen nubio (Kush), que luchará contra los asirios sin fortuna.
- 675 A.C. : Último siglo y medio de Egipto como estado independiente (aprovechando las crisis sucesorias asirias así como el continuo desgaste de sus ejércitos), que tendrá en Necao II a su faraón más conocido. Comprende la dinastía XXVI, con capital en Sais.
- 525 A.C. : Cambisses II, hijo de Ciro el Grande, derrota a Psametico III y Egipto cae bajo dominación persa. La dinastía XXVII y la XXXI son conocidas habitualmente como I y II Periodo Persa respectivamente. En medio de estas dos dinastías “persas”, y durante un periodo de medio siglo (400 ac -350 ac), aprovechando otra crisis sucesoria, surgen tres dinastías que se emancipan temporalmente de Persia, contando entre su ejército con mercenarios griegos. Son la XXVIII (Sais), la XXIX (Mendes) y la XXX (Sebennitos). Artajerjes III de Persia derrota definitivamente a Nectanebo II y Egipto vuelve a manos persas, aunque por muy poco tiempo, ya que Alejandro Magno derrota a Persia y conquista Egipto tan sólo una década después.
- 332 A.C. : Inicio del conocido como Periodo helenístico. Hasta el 300 ac gobernará la dinastía macedónica (Alejandro Magno, su hermanastro Filipo III y su hijo Alejandro IV) y a continuación lo hará por periodo de casi tres siglos la dinastía Ptolemáica, también conocida como Lágida, cuyo último gobernante, la famosa Cleopatra VII, será derrotada en Actium junto a su aliado romano Marco Antonio, poniendo el capítulo final de la historia de Egipto, que en 30 ac pasará a ser una provincia de Roma. La cultura egipcia, como tal, desaparecerá pocos siglos después para no emerger ya nunca.

jueves, 1 de mayo de 2008

HISTORIA ABREVIADA: SUMERIA


- 7000 A.C. : Primeros asentamientos humanos conocidos en la zona, con poblados protegidos por una muralla circular de piedras (Maghzaliyah y Umm Dabaghiyah, ambos al norte del actual Irak).

- 4500 A.C. : Eclosión de la conocida como “Cultura del Obeid” y fundación de la ciudad de Eridú.

- 3500 A.C. : Construcción de diques y canales para optimizar el regadío. Aparición de la rueda.

- 3300 A.C. : Las principales ciudades sumerias, Kish (3700 A.C.), Uruk (4.000 A.C.), Ur (3800 A.C.), Sippar (3700 A.C.), Akshak, Larak, Nippur, Adab, Umma, Lagash, Bad-tibira y Larsa, se constituyen como una especie de estados independientes. Ur se erige como ciudad principal

- 3200 A.C. : Aparición de la escritura en la ciudad de Uruk.

- 3100 A.C. : La figura del Patesí (gobernante de cada ciudad) se asienta como la mayor autoridad, en una novedosa organización que le permite englobar en su persona el poder real y sacerdotal. Los campesinos pagan tributo oficialmente (parte de sus cosechas). La ciudad que domina este periodo es Yemdet Nasr.

- 2900 A.C. : Se intuye una división estado-religión, ante el desmesurado poder que han asumido los Patesí. Se inicia un periodo de rivalidades entre ciudades, que, sin embargo, utilizan una misma lengua y comparten religión y escritura, además del estilo de sus construcciones. Podría hablarse por primera vez de “cultura sumeria”

- 2800 A.C. : Empieza el conocido como “Periodo Sumerio” o de las “Dinastías tempranas” (gran esplendor de la cultura sumeria) al que pone fin cinco siglos después, hacia 2300 A.C., Sargón de Akkad, con quien empieza propiamente el imperio acadio.

- 2800 AC – 2500 A.C. : Dinastía de Kish (o “Edad dorada”) al norte y Dinastía de Uruk (o “Edad heroica”) al sur, rivalizarán por el poder.

- 2500 A.C. – 2300 A.C. : En estos dos siglos serán las ciudades de Lagash y Umma, y sus respectivas dinastías, las que se disputen el poder, buscando alianzas con otras ciudades pero manteniendo preeminencia sobre el resto.

- 2300 A.C.: Interrupción del periodo sumerio por la dominación acadia, que impondrá su lengua en todo el territorio. Lugalzagesi de Umma será el último gobernante sumerio de este periodo, derrotado definitivamente por Sargón hacia 2320 A.C.

- 2150 A.C. : Renacimiento de la cultura sumeria (Periodo Neosumerio) tras la victoria de Utuhegal de Uruk sobre los invasores de Guti, pueblo que derrocara a los acadios. Las ciudades estado sumerias volverán a alternarse en el poder. Primero dominará Uruk, luego Lagash y finalmente Ur. Será el último esplendor de Súmer.

- 2000 A.C. : Invasión amorita (amorreos). Ibbi-Sin es derrotado por los invasores, siendo el último gobernante sumerio, Las principales ciudades de este periodo serán Isin y Larsa y la cultura sumeria irá desvaneciéndose, sustituida gradualmente primero por la acadia y posteriormente por la babilónica, dejando tras de sí extensas cronologías reales.










sábado, 12 de abril de 2008

LA MUERTE DE TROTSKY



Si el mejor director de cine hubiese contado con el mejor guionista, jamás hubiesen sido capaces de crear una historia de intriga de este calibre. Es de esos casos en que la realidad supera a la ficción. Agentes secretos, doble, triple y hasta cuádruple personalidad, amores y desamores, muertes, guerra civil española, II guerra mundial, la revolución rusa… La historia de la vida y muerte de Trotsky reúne todas estas cosas. Y lo más terrible es que fue real.
LEV DAVIDOVICH BRONSTEIN, “TROTSKY”
Resulta incluso complicado buscar un principio para esta historia. Quizá todo empezara aquel octubre revolucionario de 1917 en Rusia, cuando el Zar tembló ante la revuelta revolucionaria que se le avecinaba. Trotsky no estaba entonces en Rusia. Hacía 10 años que no lo estaba. Habiendo sido encarcelado por su participación en la revolución de 1905, aprovechó su “traslado” a Siberia en 1907 para escapar hasta Finlandia, desde donde se trasladó a Viena con su familia, consiguiendo trabajo como corresponsal de un periódico de Kiev. Siete años después se trasladó a París, donde estuvo un par de años, pero ante las presiones del gobierno zarista, las autoridades francesas le “conminaron” a que abandonara el país. Trotsky así lo hizo y se marchó a Nueva York. Poco tiempo después estallaría la revolución de octubre y él y su familia volverían a toda prisa a Rusia.
El triunfo de la revolución fue absoluto y Lenin fue la nueva figura de Rusia. Trotsky, segundo de abordo, organizó al ejército rojo haciéndolo una fuerza ejemplar capaz de derrotar a los ejércitos contrarrevolucionarios así como a sus aliados occidentales. Sin embargo, a mediados de 1923 Trotsky vio peligrar los cimientos sobre los que se había sustentado la revolución. Joseph Stalin encabezaba una burocracia peligrosamente antirrevolucionaria. Lenin, postrado en cama víctima de sus numerosos ataques de apoplejía, advirtió también el peligro y nombró a Trotsky como a su sucesor, decisión que de nada sirvió. A su muerte, en Enero de 1924, Stalin apartó a Trotsky del poder y formó un triunvirato con Bukarin y Kamenev, rodeándose de una camarilla de fanáticos dispuestos a defenderle hasta la muerte. No obstante, Stalin sabía bien el peligro que corría si Trotsky seguía cerca. En 1927 le expulsó del partido, en 1928 le deportó a Siberia y en 1929 le desterró de Rusia. Tras unos años en Turquía y otra breve estancia en Francia, llegó en 1935 a Noruega, pero las presiones Stalinistas seguían haciéndolo saltar de país en país. Entonces se encontró con que tenía que salir de Noruega pero sus solicitudes de asilo, a éste o aquel país, siempre resultaban infructuosas, incluidos los EEUU de Roosevelt. Sorprendentemente, Lázaro Cárdenas, presidente mexicano, aceptó su propuesta, pese a contrariar a Stalin, y Trotsky partió hacia México a bordo del buque cisterna “Ruth”. Aún así, el viejo revolucionario no se fiaba mucho de la hospitalidad mexicana y tenía serias sospechas de que ese viaje fuera una trampa de Stalin para acabar con él, en una “muerte accidental” en mitad del océano. Muestra evidente es la carta que envió a su hijo León justo antes de zarpar.
“Querido León:
Parece que mañana nos embarcan hacia México. Esta es, pues, nuestra última carta desde Europa. Si algo nos ocurre en el camino o en cualquier otro lado, tú y Serge sois mis herederos. Esta carta tiene valor testamentario... Como sabes, me refiero a las futuras regalías de mis libros: no poseo otra cosa fuera de eso. Si alguna vez te reúnes con Serge... dile que jamás lo olvidamos ni lo olvidaremos por un solo instante”.
Afortunadamente para Trotsky, sus sospechas eran infundadas, y el viaje se hizo sin mayor contratiempo. El 9 de enero de 1937, tras tres semanas de navegación, él y su mujer, Natalia Sedova, llegaron al puerto de Tampico. Allí tuvieron un gran recibimiento y, además de las autoridades, les fue a recibir la pintora Frida Kalho, mujer de su principal valedor en México, el afamado muralista mexicano Diego Rivera. Trotsky vivió los primeros dos años en “La casa Azul” de Frida, cedida gentilmente por ésta (que también mantuvo un pequeño romance con Trotsky) hasta que por divergencias políticas con Diego Rivera, se trasladó junto a su mujer a otra casa en la calle Viena, en Coyoacán, hacia la primavera de 1939. Al poco tiempo recibiría una alegría. La llegada de su nieto Seva, único pariente vivo que le quedaba a Trotsky, tras la muerte o desaparición del resto en extrañas circunstancias y donde no era difícil adivinar la fatal mano de su enemigo Stalin.
RAMÓN MERCADER
Jaime Ramón Mercader del Río fue un comunista catalán que combatió en la guerra civil, donde ocupó un cargo de comisario político y a quien “se llevaron” los rusos para que formara parte de su ejército. Esta sería la versión inocua. Sin embargo hay otra más profunda y oscura que comienza precisamente con su madre, María Caridad del Río Hernández. Caridad era de aquel tipo de mujeres impetuosas, valientes, rebeldes, que había renegado de un matrimonio de 10 años con un acaudalado empresario catalán, para cambiarlo por una vida bohemia y desenfrenada, que la llevaron desde su anarquismo primero hasta su posterior confesionalidad comunista. Justo entonces estalló la guerra civil y Caridad combatió como nadie, puesto que en la lucha era donde mejor se sentía. En un cuartel republicano en Sarriá, conocería al hombre que le cambiaría la vida. Leonid Eytingon, conocido en España como “General Kotov”, era un militar ruso que aprovechaba su estancia en España para valorar la posible incursión de españoles en la NKVD. Tanto en Caridad como en su hijo Ramón, vio dos perlas en bruto. Caridad, que pronto empezó una relación con Leonid, aceptó la propuesta encantada e influyó, obviamente, en su hijo para que lo hiciera también. A principios de 1937, Ramón Mercader se fue a Rusia para someterse a las pruebas y entrenamiento a los que la NKVD sometía a sus hombres y las superó con nota. Pronto se dieron cuenta del gran potencial de aquel chico como agente secreto. Hablaba castellano, catalán, francés e inglés a la perfección, era educado, atractivo, culto… En fin, como me gusta llamarlo a mi, una especie de “James Bond” de la NKVD. Y su misión, enamorar a una antigua secretaria de Trotsky, así lo avala. Sí, ya se que puede parecer extraño, pero la misión que se le encomendó a Ramón fue la de irse a París y hacerse pasar por un adinerado estudiante belga de la Sorbona durante unos pocos meses, a fin de preparar el terreno para la llegada de Silvia Ageloff, ex-secretaria de Trotsky y de su plena confianza, a quien debía enamorar (sí, como suena, enamorar) a fin de entablar una relación con ella que le permitiera a Ramón estar cerca de Trotsky, (llegado el momento) sin levantar sospechas. Y Ramón así lo cumplió, pues mantuvo una relación de más de dos años con Silvia, bajo aplazadas promesas de matrimonio y a medio camino entre Nueva York y París, para poder estar con ella en Ciudad de México, en 1940, muy, muy cerca de aquel a quien debía vigilar, León Trotsky.
Sorprendente, sí, pero no por eso menos cierto.
LA CREACIÓN DE LA TRAMA
La vigilancia de Trotsky era una prioridad para Stalin. A pesar de estar lejos de Rusia (por obra y gracia del propio Stalin), el primer mandatario ruso tenía noticias diarias de las andaduras de su enemigo irreconciliable. Y era gracias a otra “agente especial” española, María de las Heras, espía muy valorada por el Kremlin, conocida también como “Ivonne África” o “Camarada Patria”. Se decía que Stalin desayunaba cada día con lo que Trotsky había escrito el día anterior delante. Sin embargo, un contratiempo puso en peligro el trabajo de la camarada patria. El comandante Orlov, máximo responsable de Moscú en Madrid, fue llamado a Rusia para el escabroso asunto de “Los procesos de Moscú” (pantomimas de juicios con el único fin de que el acusado resultase culpable, limpiando así Stalin su oficialidad de aquellos de los que recelaba). Orlov (realmente se llamaba Nikloski), consciente de que su antecesor en el cargo, el comandante Marcos (realmente Sloytsky) había sido juzgado y condenado a muerte en uno de esos procesos, se temió lo peor y, en lugar de volver a Rusia, escapó a EEUU. Obviamente, Orlov conocía muchos secretos y uno de ellos era la identidad de María de las Heras, así que, no sabiendo cuánto habría contado a los americanos, la NKVD optó por retirarla antes de que un arma tan valiosa como ella fuese descubierta. Entonces era febrero de 1938. Poco más de un mes después, Ramón Mercader se trasladaría a París, para empezar con su papel de rico y generoso (dejaba muchas propinas para granjearse las simpatías de los camareros de los mejores restaurantes) estudiante belga, hijo de un diplomático. Dos meses después, Silvia Ageloff visitaría París, acompañada de una amiga llamada Gertrude, que no era otra cosa que otra espía de la NKVD (en realidad se llamaba Ruby Well) que forzaría un encuentro con Ramón, haciéndolo parecer fortuito. Sin duda, nada se había dejado al azar en el supuestamente fortuito encuentro entre Silvia Ageloff y Ramón Mercader. Pero la tarea de Gertrude no acabó ahí, sino que, aparte de lo bien que habló a Silvia de Ramón, organizó una cena para los tres, a la que sabia bien que ella no debía ir. El resto lo hizo Ramón, quien, con su atractivo porte y sus refinados modales, encandiló a Silvia en un solo día (como dije, todo un James Bond). Luego, lo que ya sabemos, la relación a veces en la distancia y otras en persona, a veces en París y otras en Nueva York, hasta que ambos deciden irse a Ciudad de México en Enero de 1940, por imposición, claro está, de Ramón. Bueno, entonces ya no era Ramón. En realidad, Silvia no sabía que se llamaba así. Para ella era Jacques Mornard, hijo de un diplomático belga. En Nueva York, Ramón volvió a cambiar de identidad (explicando tal cambio con una mentira a una Silvia enamorada, que se lo creía todo, sin mayor problema) para pasar a llamarse Frank Jakcson. Eran principios de 1940, y Ramón Mercader cumplía los plazos como un reloj. Pronto empezaría la vigilancia a la casa de Trotsky, aprovechando la buena relación que su prometida tenía con éste.
LA EJECUCIÓN DE LA TRAMA
Al principio, Ramón se negaba a entrar a la casa de Trotsky cuando Silvia, su prometida, iba a visitarle. El espía español esperaba pacientemente a que ella saliera, aparentando desinterés. Tampoco mostraba ningún interés cuando ella, ferviente trotskysta, le hablaba de política o del mismo Trotsky. Obviamente, esa era su táctica, a fin de que nadie sospechase de él. Bueno, más que su táctica, la de sus superiores de la NKVD. Beria, mano derecha de Stalin, era el máximo responsable. Para el “asunto Trotsky” había elegido a Pavel Sudoplatov, militar de palmarés intachable, a fin de que éste organizara el plan y que le mantuviese informado. Rabinovich, un judío residente en N. York, donde era conocido como Roberts, era el encargado de, no se bien cómo llamarlo, pero diríase de intendencia de personal y documentación. Desde un alto cargo en la Cruz roja de Nueva York, con la identidad falsa de Roberts que antes he mencionado, era capaz de proveer de cualquier documento, vivienda, vehículo, etc, a cualquiera de los agentes de la NKVD dispersos en el mundo. Él mismo sería el responsable de las dos falsas identidades primeras de Ramón, la de Jacques Mornard en París y la de Frank Jackson en EEUU, así como de la utilizada por Ruby Well, Gerttrude, a fin de engatusar a Silvia Ageloff. También él se encargó de que a Ramón (o a cualquier otro agente) jamás le faltase dinero ni un sitio donde alojarse, se tratara del país que se tratara. La red de Rabinovich llegaba a todos lados. Y suya fue la orden (se la comunicó en Nueva York a Eytingon, el amante de Caridad Mercader y jefe del “Grupo Madre”, como fue bautizado el trio Eytingon-Caridad-Ramón) de que Ramón entrase a la casa a fin de conseguir planos del interior, así como la disposición y horarios de los guardias. Y Ramón lo hizo con la mayor naturalidad del mundo y sin levantar la más mínima sospecha, después de unos meses de aparentar lo contrario. Además, en todo este tiempo, aprovechó sus esperas fuera de la casa para intimar con los guardias, a quienes invitaba a beber cuando acababan el turno. De ese modo, pese a no haber entrado en la casa ni una sola vez aún, Ramón no era ningún desconocido para los guardias. Por tanto, no tuvo muchos problemas para conseguir la información que Rabinovich le había demandado a su “padrastro” Eytingon. Información que sería entregada al grupo de mexicanos (también había tres españoles y un ruso) que atentarían contra la vida de Trotsky muy poco después.
EL ATENTADO
Las dachas eran unas casas de verano, donde se solía ir de vacaciones, una especie de casas de campo. La NKVD se había apropiado unas cuantas y allí entrenaba a sus futuros agentes. Álvarez, Martínez y Jiménez eran tres españoles “pescados” para la NKVD en la guerra civil española. Ellos supieron de primera mano la clase de entrenamiento al que eran sometidos los aspirantes a agentes en esas dachas. Y bendecidos por Sudoplatov marcharon a Ciudad de México a fin de unirse al grupo de mexicanos que iba a atentar contra Trotsky, obviamente sin desvelar que iban mandados por Stalin. A éste, lo que menos le interesaba era hacer de Trotsky un mártir. Ocurriera lo que ocurriera, el nombre de Stalin no podía verse involucrado en la muerte de Trotsky. Como la fama que precedía a los españoles en Rusia era de “alocados”, o sea, impredecibles a la hora de cumplir una orden, se mandó junto a estos tres a un agente ruso para que les controlase, tanto durante su estancia mejicana, como a la hora de ejecutar su misión. Este agente ruso se llamaba Grigulevich y debía de asegurarse de que si el grupo de mexicanos no acababan con Trotsky, lo hicieran los españoles o en último caso él mismo. Quien encabezaba al grupo de mexicanos no era ningún desconocido. Se trataba del pintor muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, declarado stalinista, que fue quien reunió al grupo una noche de mayo para acabar con Trotsky, valiéndose de los planos que Ramón Mercader les hubiera facilitado. A la madrugada, el grupo irrumpió en la casa de Coyoacán a grito pelado. Habían estado bebiendo tequila durante las horas previas, quizá para aumentar su coraje, y cuando entraron en la casa lo hicieron completamente borrachos. Tanto que no encendieron ni las luces, quizá porque no encontraran los interruptores a causa del tequila ingerido. Todos los disparos (que no fueron pocos) que se realizaron en aquella casa se hicieron a ciegas. Ni los españoles ni el ruso pudieron remediar la hecatombe, hartos de tequila también. De ese modo el asalto fue un fracaso y varios de los asaltantes detenidos, entre ellos Alfaro Siqueiros (que acabó en prisión) y uno de los españoles.
EL GRUPO MADRE ENTRA EN ACCIÓN
El fracaso fue muy mal recibido por Stalin, quien ordenó que se volviese a intentar inmediatamente. No estaba para bromas, puesto que la II Guerra Mundial estaba en marcha y el asunto Trotsky quería verlo zanjado cuanto antes, al tener ahora otros quebraderos de cabeza más importantes. Rabinovich se reunió con Eytingon y le comunicó que la responsabilidad era ahora para el “Grupo Madre” y que no podía haber ya más fallos. Eytingon y Caridad apoyarían, y sería Ramón quien se encargara de ejecutarlo. Eso sí, Stalin debía quedar impune y ninguna sospecha podía apuntar en su dirección. Por ello Rabinovich “preparó” una carta muy especial para Ramón que debía llevar encima cuando asesinara a Trotsky. La carta era una confesión de Ramón (pero firmada con la identidad falsa de Frank Jackson, por supuesto) en la que declaraba que su atentado contra Trotsky era algo personal, ya que al conocer en persona a Trotsky le había decepcionado. Obviamente, esta carta sólo vería la luz en caso de ser apresado in situ, a fin de que Stalin no se viera implicado y pareciese un acto espontáneo de un seguidor decepcionado. Si Ramón mataba a Trotsky y conseguía escapar, entonces la carta ardería en el fuego.
Ramón entró a la casa el 20 de agosto de 1940, con la clara intención de acabar con Trotsky, mientras su madre y Eytingon esperaban afuera, montados cada uno en un coche para así facilitar su posterior huida. Debido al primer atentado, se habían extremado las precauciones alrededor de Trotsky y la casa era una especie de pequeña fortaleza. Sin embargo, Ramón se las ingenió para entrar sin demasiados problemas, convenciendo a los guardias, para los que no era ningún extraño, que deseaba que Trotsky revisase un artículo que había escrito. Ramón encontró al viejo revolucionario en el jardín y ambos se dirigieron al despacho de Trotsky. Allí, éste se sentó en su mesa, se colocó sus redondeadas lentes y se puso a leer el artículo. Ramón, exactamente detrás de él, dudaba sobre cómo ejecutar su misión. Sus dudas estribaban en cuanto al arma a utilizar. Pese a la extrema vigilancia de la casa, Ramón había conseguido meterse adentro con tres armas diferentes escondidas. Una daga, un piolet (un pico de alpinista con el mango de madera recortado) y una pistola. Esta última le pareció una opción demasiado escandalosa, que sólo usaría como último recurso desesperado. Y entre la daga y el piolet, se decidió por este último. Así pues, con Trotsky ensimismado en la lectura que Ramón le había traído, le dio un seco golpe en la parte de atrás de la cabeza con el piolet. Trotsky reaccionó de manera imprevista, pues, en vez de desplomarse, se revolvió y agarró a Ramón con fuerza, mientras chillaba con fuerza para avisar a los guardias. Estos llegaron enseguida y capturaron a Ramón, no sin antes haberle dado una auténtica paliza que casi le cuesta la piel. Llevado a la comisaría de Revillaguigedo, lo primero que le encontraron fue la carta que le había “preparado” Rabinovich. Que Stalin no se viese involucrado de ninguna manera en el asunto era una e las mayores prioridades de la misión. Y así fue. Ramón, bien entrenado por la NKVD para aguantar cualquier tipo de interrogatorio, no dijo ni una palabra que no le interesara decir. Sólo su identidad falsa de Frank Jackson quedó al descubierto, revelada su otra identidad como Jacques Mornard por una destrozada Silvia Ageloff. Hay que ponerse en la piel de esta chica para entender su sufrimiento. El hombre al que amaba, con quien se iba a casar, había asesinado al hombre que más admiraba (y, por supuesto, tenía en gran aprecio), valiéndose de ella. Utilizándola, manipulándola… Silvia Ageloff se sintió tan ultrajada que intentó suicidarse. Afortunadamente, no lo consiguió, pero aquella pena, impregnada de culpa, no la abandonaría jamás. Ramón fue detenido, juzgado y condenado a 20 años de prisión.
EL DESENLACE
Ramón sabía que la NKVD no lo dejaría a su suerte en la Penitenciería, y estaba en lo cierto. En poco tiempo, le prepararon un plan de fuga, aprovechando que la “Peni” no era una prisión de alta seguridad, ni mucho menos. Sin embargo, la impetuosidad de su madre lo echó al traste. Dejándose ver por Ciudad de México, cuando los “jefes” le habían ordenado expresamente que no lo hiciera, no consiguió más que su hijo fuera trasladado a la Prisión de Lecumberri, de máxima seguridad, y el plan dejó de ser viable. Ramón tuvo que cumplir los 20 años de cárcel por culpa de su madre, cosa que nunca le perdonó. Tras catorce años de encarcelamiento como Jacques Mornard, un día recibió la visita de un viejo conocido. Un trotskysta catalán. El conocido escritor Víctor Alba. Éste mismo escritor contaba que se acercó poco a poco a la celda, se le quedó mirando y preguntó:
-¿Ramón Mercader?
El otro se volvió sorprendido, casi asustado. Hacía muchos años que no oía ese nombre de boca de nadie. Como renegando de sí mismo, sólo respondió:
-Ves a la merda (Vete a la mierda)
Stalin hacía muy poco que había muerto y Ramón tenía dudas de lo que pudiera pensar para él el “nuevo jefe” de Rusia. Lo que menos le interesaba es que ahora se descubriese su auténtica identidad. Y mucho menos tras todo lo que había tenido que pasar hasta entonces. Afortunadamente para él nada cambió y acabó de cumplir su condena sin ningún contratiempo. Unos pocos meses antes de cumplir su condena, fue puesto en libertad. Ese mismo día voló hasta La Habana, de allí a Praga y de Praga a Moscú, donde fue condecorado como “Héroe de la Unión Soviética”, pero en la más estrecha intimidad. Por supuesto, jamás debía desvelar el verdadero motivo de aquella condecoración. A Ramón no le importó, pues una de sus mejores virtudes estaba claro que era la de saber callar. Para asegurar su manutención y la de los suyos (pues se casó con una bailarina mexicana que conoció en prisión, Rogelia Mendoza, y adoptó a dos niños españoles huérfanos) le concedieron un cargo honorífico y una buena asignación mensual. Así estuvo unos años viviendo en Moscú, con mucho tiempo libre para reflexionar sobre lo que había hecho. Tanto con Trotsky como con su propia vida. Aburrido de Rusia, se marchó a Cuba donde residió hasta su muerte. Prueba de las dudas de sus últimos años de vida sobre sus actos, es la conversación que tuvo con otro español residente en Moscú, Eusebio Cimorra, con quien compartía muchas cosas. Por desgracia, eran cosas que sólo podían hablar entre ellos, puesto que pertenecían a otro tiempo que nadie quería recordar. Quizá ahora ya no parecía tan importante su sacrificio para los que mandaban. Era una cosa olvidada y a olvidar por quien aún la recordara. Los tiempos habían cambiado y Ramón, como muchos otros, sentía cierta frustración ante la nueva situación, aunque nunca nadie quisiera reconocerlo, ni posiblemente pudiera.
El encuentro fue fortuito y uno y otro se saludaron con cierta nostalgia, como queriendo confesarse mutuamente algo que sabían que no podían confesar a nadie. No tanto por miedo, que lo daba, como por el coraje de reconocer que todo por cuanto habían sacrificado su vida, carecía ya de sentido para nadie más que para ellos.
Eusebio Cimorra miró a Ramón, sin atreverse a hablar pero deseando hacerlo. Deseando confesarse con alguien que alcanzara a comprenderle. Finalmente, sacó fuerzas de flaqueza y casi susurró:
-¡Cómo nos engañaron! ¿Eh, Ramón?
Ramón dejó pasar unos segundos, empapándose de la cruenta revelación de su amigo Cimorra y, melancólico, respondió:
-A unos más que otros, Cimorra. A unos más que otros.
A buen entendedor, pocas palabras bastan.
FRAN MELIÁ